No es oro chino todo lo que reluce

Puerta de la Paz Celeste en la Plaza de Tiananmen (Pekín) | Foto de Pablo Sánchez en Flickr

Todos se quieren acercar a China. Los miles de millones de potenciales consumidores del gigante asiático representan un bocado apetitoso para cualquier tipo de empresa, también para las turísticas. La revista Savia, editada por el proveedor de servicios tecnológicos Amadeus, explica en su artículo “China conquista la industria del turismo” (número de octubre) que en 2011 fueron 70 millones de chinos los que se decidieron a salir de su país, 13 millones más que el año anterior. Para poner la cifra en perspectiva hay que pensar que España, tercer destino turístico del mundo, ha recibido en los últimos diez años una media de 50 millones de turistas.

El número de turistas chinos que salen al extranjero puede ser todavía moderado. Pero su gasto no: en 2011 se dejaron 69.000 millones de dólares en los países que visitaron (52.938 millones de euros), un 25% más que en el ejercicio precedente. ¿Es mucho? Se puede juzgar la cifra a la luz del nivel de ingresos turísicos que recolectó España el año pasado: 43.026 millones de euros, según los datos del Banco de España. Y para este año las previsiones hablan de 78 millones de viajeros chinos que realizarán un gasto de 80.000 millones de dólares. La Organización Mundial del Turismo prevé que en 2015 el número de chinos que viajen fuera del país llegue a los 100 millones.

Estudiando los grandes datos se entiende porqué las empresas y los destinos están preparándose para atender a este tipo de turista que suele hacer desplazamientos largos (de más de una semana de duración) y cuyo gasto medio por viaje alcanza los 1.300 euros. Sólo les superan en gasto los alemanes, estadounidenses y británicos. China es un país con una población que supera los 1.000 millones de habitantes, aunque las desigualdades aún son muy patentes. Sin embargo, desde hace años, y al calor del crecimiento económico y las mejoras de las condiciones de vida, se está formando una clase media que se cifra en 200 millones de personas y que son las que están viajando al exterior. Por ello, el mercado potencial puede llegar a los 260.000 millones de euros.

Ahora bien, no hay que dejarse engañar. China no es una democracia y, aunque su Gobierno no impone excesivas restricciones a sus nacionales para viajar, los destinos deben tener cuidado. Que un país, una región o una ciudad base su turismo sólo en atraer chinos por su elevado nivel de gasto puede ser un peligro. Por ejemplo, Filipinas estaba viviendo una luna de miel con estos turistas cuando decidió reactivar una vieja reclamación histórica que mantiene con el gigante rojo sobre la soberanía de unos islotes disputados. Acto seguido, el Gobierno chino exigió la cancelación de los viajes organizados a Filipinas. Algunos destinos de playa perdieron, de un plumazo, 200.000 visitantes y sus correspondientes ingresos.