Gigantes de cemento y agua en la costa chilena

¿No tiene fin?

¿Cansado de nadar 25 metros en la piscina de su hotel? Eso es proque no conoce el complejo hotelero de San Alfonso del Mar (Algarrobo, Chile). Cuenta con una piscina cuya longitud es de 1.000 metros (un kilómetro), como se puede ver en la imagen. Dicen que es la más grande del mundo. Probablemente también sea uno de los mayores despilfarros y atentados contra el medio ambiente.

Algunos datos sobre este lago artificial: equivale a 20 piscinas olímpicas, necesita 250 millones de litros de agua para llenarse y cuenta con una profundidad de 35 metros. La misma está operativa desde 2006, tras cinco años de construcción y una inversión de 1.200 millones de euros. El coste de su mantenimiento: 2,5 millones anuales.

Es el ejemplo perfecto de construcción faraónica que no duda en arruinar una playa y en generar unos costes ecológicos enormes. Ahora se ha puesto de moda en el sector turístico la sostenibilidad, la eficiencia en la energía y el ahorro. Sin duda por efecto de la crisis, ya que los gatos energéticos y de suministros son claves en las cuentas de resultados de las empresas. Aunque sólo sea por eso, bienvenido es.

Creemos en un turismo que respete el medio ambiente, desde el punto de vista del valor ecológico de los parajes en que se levanten las construcciones (véanse el reciente caso de Tarifa o el Algarrobico) como desde la visión del paisaje. La “piscina” de San Alfonso del Mar es una obra de ingeniería impresionante, sin duda, y eso es loable. Pero guarda poco respeto con el econsistema de un país con tanto potencial como Chile. El agua para llenarla se obtiene del océano y atraviesa unos procesos para tratarla. ¿Tienen sentido este tipo de construcciones? ¿Aportan valor para el turista o lo restan?