Ideas parciales para atraer al turista de calidad

El Summit Shopping Tourism and Economy es un encuentro de grandes empresas que esconde un potente lobby comercial y financiero.

Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, en el Summit Tourism ShoppingEntre el 3 y 4 de octubre se celebrará en Madrid el tercer encuentro de turismo de compras con el objetivo de mostrar que el denominado “turista de calidad” es una de las soluciones a los problemas del sector turístico español. La idea es buena, pero falta concretar con datos y hechos cómo beneficiará este visitante a la parte más débil, y más necesaria, de la ecuación turística: la sociedad y los trabajadores.

Bajo el paraguas de Summit Shopping Tourism and Economy, que es la denominación oficial del evento y de la empresa que lo gestiona, se agrupan Caixabanc (antigua La Caixa), Iberia, El Corte Inglés y Samsung, como socios globales. A ellos se suman los patrocinadores: Mastercard, Global Blue, la Comunidad de Madrid y el resort La Zagaleta. Barceló Hoteles y el Círculo Fortuny también se encuentran entre los apoyos de este evento.

Todas son empresas de primera fila que permiten ver el encuentro desde otra perspectiva. Los socios globales suman una facturación anual de 29.505 millones de euros en España. Y si se añaden el resto de patrocinadores, el conjunto supera los 35.000 millones de euros de facturación anual con creces. Es decir, el “summit” esconde un poderoso lobby que agrupa a las principales empresas españolas, interesadas en hacer fuerza para que determinadas normativas se modifiquen en su favor y así poder incrementar sus niveles de negocio.

El programa del encuentro también va por esta línea. Lo inaugurará Soraya Sáenz, vicepresidenta del Gobierno español y una de las mujeres más poderosas del país mediterráneo. También acudirá Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid y peso pesado en el Partido Popular; Matilde Asían, secretaria de Estado de Turismo; y Fátima Báñez, ministra de Empleo. Además, durante los dos días del evento irán exponiendo su visión ponentes de grandes empresas, como Unidad Editorial (editora del diario El Mundo y el económico Expansión), Oracle, Google o Meliá, entre otras.

Desde luego, hacer presión sobre los gobernantes para que legislen a favor de uno mismo, siempre que se respeten los requisitos que marca el ordenamiento jurídico, no es ni ilegal ni amoral. Lo que preocupa más es que se lancen mensajes concretos para vender este turismo de calidad como solución a problemas estructurales de la economía y la sociedad española, pero sin decir cómo. Cuestiones como un mercado de trabajo que fomenta la temporalidad y la inseguridad laboral; una falta de formación palmaria entre los empleados del sector turístico; un entorno lleno de obstáculos para la creación de empresas y la innovación; la modificación de las ciudades, con la expulsión del pequeño comercio en favor de las grandes multinacionales; y un largo etcétera. Por no hablar de la deificación del turismo como modelo productivo que está pariendo un país de camareros, limpiadores de habitaciones de hotel y animadores.

En el encuentro se abordarán temas como las inversiones, la rentabilidad económica y social, la inteligencia del turismo o la colaboración público-privada (el mantra de los últimos diez años), pero se hablará muy poco del empleo. Y no sólo sobre las condiciones laborales del sector turístico, sino sobre la necesaria formación y cualificación del personal que debe interactuar con los visitantes asiáticos, como defienden los organizadores, tan diferentes en costumbres a los occidentales. Como muestra, un botón: Fátima Báñez, ministra de Empleo, hablará sobre “Turismo de calidad=empleo de calidad”. Bajo el mandato de Báñez, que es el mismo que el de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, el trabajo en España ha alcanzado sus mayores tasas de temporalidad y salarios bajos. A ello se suma que la externalización en el sector turístico se ha convertido en la norma, contribuyendo a la disminución de salarios y al empeoramiento de las condiciones laborales. No parece que Báñez sea la persona más cualificada para hablar de “empleo de calidad”.

Por otro lado, de la pequeña empresa y el comercio de proximidad, que también se deberían ver beneficiados por este visitante, no hay ni rastro en el programa. Quizá es que este tipo de negocios no tienen cabida en la mente de un turista de calidad o no son necesarios para configurar una oferta atractiva. Tampoco importan los habitantes de estos barrios. Las grandes ciudades están reconfigurando sus espacios comerciales y sociales. Sólo hay que verlo en determinadas zonas turísticas de Barcelona, donde los vecinos se quejan de la desaparición del pequeño comercio y la instalación de grandes cadenas. Algo que también está sucediendo en Madrid.

El summit abordará temas muy interesantes y necesarios, pero para hacer creíbles sus propuestas debe ir más allá de los profesionales que defienden sus intereses empresariales y comerciales. La participación de expertos universitarios, de críticos (con fundamento) y de todos los afectados por el turismo son esenciales para convertirse en una referencia que pretenda cambiar el modelo turístico español.