Recaudar a base de sangrar al turista

La clase media es la gran pagana de la crisis. Los Estados ya no saben de dónde sacar dinero y los magos fiscales están rebuscando tasas y tributos en la chistera para pagar las irresponsabilidades de los gobernantes de distinto signo. Es el caso de las tasas que van a gravar el turismo, tanto en los EEUU como en Alemania.

En el país norteamericano, la entrada en vigor de la medida ocurrirá el próximo miércoles 8 de septiembre. Seguro que los viajeros que hayan pensado visitar los EEUU a partir de esa fecha ya habrán tenido que abonar los 10 dólares cuando hayan solicitado su permiso de entrada a través del sistema ESTA. No hay forma más clara y rotunda de decirle al visitante que no nos interesa, que para nosotros sólo es una máquina de hacer dinero. Un dólar andante.

Habrá que esperar a ver los efectos de semejante medida sobre las llegadas de turistas al país. El objetivo que persigue el Gobierno estadounidense es financiar la empresa federal que se encargará de la promoción de los EEUU en el exterior. Pero es que esto es el mundo al revés. Si a los EEUU le interesa lavar su imagen en el mundo de potencia imperialista, e interesada, que sean los estadounidenses los que carguen con este coste, y no los visitantes del país norteamericano. Es como si aquí, cuando construimos una infraestructura que usarán turistas extranjeros, les cobrásemos por adelantado alegando que ellos también la utilizarán. Quizá sea este el nuevo modelo económico a seguir.

El caso de Alemania es más sangrante aún por tratase de un país europeo. Que estas cosas ocurran en los EEUU, donde el sistema de valores económicos hace que se pague casi por todo lo público, puede tener un pase porque es una costumbre arraigada y asentada en el pensamiento estadounidense. Pero, ¿en Alemania? País al que, según datos de 2007, acudieron 24,42 millones de turistas, ocupando el séptimo lugar en el ranking de visitantes. No tiene mucho sentido, excepto el afán recaudatorio. El Gobierno de Angela Merkel ha aprobado el cobro de unas tasas de entre 40 y 8 euros a los viajeros que lleguen por avión, según procedan de vuelos intercontinentales o de corto radio.

Alemania es un país bellísimo, con un potencial abrumador y que siempre hemos defendido en este medio (y lo seguiremos haciendo a nivel turístico), pero la decisión de gravar a los viajeros que lleguen por el aire es desacertada. En un contexto en el que los movimientos de turistas dentro de Europa se están recuperando muy levemente, adoptar esta medida sólo puede traer problemas, como ya han avisado varios actores del sector turístico alemán.