El día que España perdió la inocencia, definitivamente

Hoy, el Consejo de Ministros aprobará el Real Decreto-Ley que supondrá la defunción de la política de (mal)gasto que ha dirigido José Luis Rodríguez Zapatero durante los dos años de crisis. A falta de ver cuáles serán las partidas concretas de reducción del gasto en las administraciones, sólo podemos decir que este era un final inevitable.

Las medidas principales, disminución progresiva de un 5% en el sueldo de los funcionarios públicos, eliminación del cheque bebé, reducción de infraestructuras y congelación de las pensiones, serán el inicio de más iniciativas de esta índole. Después del verano, lo más probable es que el Gobierno proceda a una subida del impuesto de la Renta y de los impuestos especiales (alcohol y tabaco).

¿Cómo va a afectar esto al sector turístico? En primer lugar, se acabarán las ayudas millonarias que se han concedido a través de planes como el Renove para empresas del sector (las más beneficiadas han sido los hoteles). Asimismo, será casi seguro que fondos como el Fomit, para que los municipios turísticos se renueven, también se verán recortados. El primer aviso ya lo ha dado el Gobierno al no contemplar en los presupuestos del IMSERSO las 200.000 plazas adicionales que añadió el año pasado para las vacaciones de jubilados en la próxima temporada. Y así podríamos seguir.

Es decir, se acabó el vivir de la subvención pública. Esto funcionará y estará bien si se complementa con medidas que ayuden a crear empleo y fomenten el consumo. En caso contrario, nos espera un aumento de la pobreza y del paro. De hecho, la mejor forma de que el consumo crezca es la creación de puestos de trabajo. Ahora es cuando el Gobierno debe hacer lo que no ha hecho durante dos años: gobernar. Los recortes en el gasto serán dolorosos y nos traerán años de pobreza en los servicios públicos. Pero esto no nos servirá para crecer, sólo para poder pagar nuestra abultada deuda.

Para estimular el crecimiento será necesario reformar el mercado de trabajo, flexibilizando la contratación y el despido, con la correspondiente protección del trabajador. También será necesario ayudar a las empresas, no vía subvenciones públicas, sino a través de la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social y del Impuesto de Sociedades. Eso sí, garantizando que con estas bajadas impositivas se creen puestos de trabajo. Gravar más las rentas altas y las Sicav (sociedades en las que los ricos invierten sus patrimonios, ya que tributan al 1%) son otros dos pasos que ayudarán a aumentar los ingresos del estado y reducir el déficit. Si pagamos, paguemos todos.

Para 5 millones de parados, la crisis empezó hace dos años. Ahora llega el momento de que el resto de la sociedad se dé cuenta de que estamos en una situación económica difícil, a pesar de que algunos indicadores empiecen a repuntar. Ha llegado el momento de perder la inocencia: contener el gasto público de verdad y articular las medidas para crecer.