¿Qué perdemos en el coche de alquiler y en el hotel?

Quizá algunos piensen que el mundo de la empresa turística es aburrido. Nada más lejos de la realidad. Y si no, que se lo pregunten al empleado de Europcar, empresa de alquiler de coches, que se encontró una lápida en el asiento de atrás de un vehículo. O las cenizas del difunto en un automóvil que se había usado en una mudanza.

Los objetos tradicionales que más se olvidan en el coche son los teléfonos móviles, carteras, cámaras de fotos, maletas o las gafas de sol. Pero como se ve, siempre hay alguna sorpresa. Los juegos eróticos o la ropa interior también están entre ellas. Eso sí, la persona que se olvidó el caniche en el vehículo no tiene perdón. Europcar asegura que sólo un 5% de los objetos perdidos son reclamados por sus dueños, a pesar de que es la propia firma quien contacta con el cliente.

Los hoteles son otro de los puntos calientes para los olvidos. La cadena británica Travelodge asegura que en el último año ha recogido más de 22.000 libros extraviados en las habitaciones de sus alojamientos. Como datos curioso, 7.000 de estos volúmenes pertenecen a la trilogía erótica Cincuenta sombras, de la escritora E. L. James. Los libros de Millenium, de Stieg Larsson, son los siguientes en la lista. En este caso, si los libros no se reclaman en tres meses, Travelodge los dona a la fundación Cancer Research, del Reino Unido.

Seguros contra la quiebra de aerolíneas

No somos partidarios de cargar con costes innecesarios los billetes de avión. Esta industria ha sido muy golpeada por la crisis y el constante incremento de los precios del petróleo, reduciendo los márgenes de beneficio y de inversión de las aerolíneas. Ello ha provocado que muchas hayan tenido que echar el cierre, dejando a miles de pasajeros sin dinero ni vuelo.

Precisamente por esto, pensamos que el único coste que debería ser obligatorio para un pasajero en un billete de avión es el de un seguro que le cubra en caso de que la aerolínea quiebre. Rafael Gallego, presidente de CEAV, la confederación de agencias de viajes, lo ha solicitado en reiteradas ocasiones. La última, en las jornadas técnicas que ha celebrado la patronal en Berlín. En las mismas se ha tenido que oír a responsables de aerolíneas y del Ministerio de Fomento que esta medida no es posible ni recomendable. Sin embargo, como todos los mensajes que vienen del establishment, la verdad es la contraria.

Que desde Fomento no se preocupen de crear e imponer un sistema que garantice el dinero de los pasajeros en caso de que una aerolínea quiebre muestra a las claras la poca procupación por el cliente y el contribuyente. No hablamos de garantizar el viaje, algo que supondría una operación logística a gran escala. La idea que viene planteando Gallego y las agencias es que las aerolíneas estén obligadas a contratar una especie de seguro (o fondo) ante quiebras, de tal manera que si se produce el cese de operaciones se pueda reintegrar al pasajero en el menor tiempo posible el gasto que ha realizado.

Desde CEAV la medida no sólo se pide como protección al cliente, sino también como una forma de evitar que la agencia tenga que ser la pagana de estas situaciones. Hace unos años, con los antiguos dirigentes de Fomento se estuvo a punto de alcanzar un acuerdo, pero el lobby del sector aéreo es muy fuerte. El Gobierno debe pensar que es mejor para la imagen de país que se quiere conseguir la existencia de unos aeropuertos abarrotados tras la quiebra de una aerolínea, con los pasajeros y clientes lógicamente cabreados y una sensación de impunidad creciente. Veanse si no casos como Air Madrid o Air Comet. Con estas actitudes es lógico que España no salga del agujero ni gane credibilidad ni su turismo sea referencia de calidad.

Urge dar a luz un sistema de protección para pasajeros y aerolíneas

Los últimos acontecimientos en el mundo aéreo ponen de relieve la necesidad de crear un sistema que cubra definitivamente a los clientes y a las aerolíneas. Por un lado, a los usuarios del transporte, que siguen siendo los paganos de la crisis aérea: las aerolíneas continúan quebrando y los viajeros se quedan sin su dinero y sin su viaje. Aquí tenemos el ejemplo de Air Comet, a cuyos damnificados no se les devolverá el precio del billete hasta dentro de dos o más años.

No es la primera vez que pasa algo así. En 2006 Air Madrid dejó de volar por supuestos problemas de seguridad, hecho que afectó a miles de viajeros. Cuatro años después de aquello, los pasajeros aún siguen sin recibir el pago de sus billetes. Por eso, los afectados por la quiebra de Air Comet no deben esperar una resolución en poco tiempo. Además, los recursos humanos del Juzgado Mercantil número 8 de Madrid, quien tramita el concurso, son limitados.

Por su lado, las aerolíneas, con incidentes como la reciente erupción del volcán islandés, han ahondado más en su crisis particular, motivada por la sobreoferta y el descenso de la demanda. Más de 1.200 millones de euros calcula IATA que se han dejado de ingresar en el sector aéreo durante los seis días en que los cielos han estado cerrados.

La solución puede estar en la creación de un fondo de contingencias como el que está promoviendo ACAV y otras asociaciones para proteger al consumidor y también a la aerolínea. Se trataría de una especie de seguro que permitiría devolver los precios de los billetes abonados a aquellos pasajeros que se vean afectados por una quiebra o un incidente natural. El pago se podría realizar de forma compartida (viajero-aerolínea) y evitaría muchos quebraderos de cabeza.

La iniciativa debería calar a nivel europeo, pero es más fácil que encuentre acomodo en nuestro país antes que en toda la Unión Europea. Desde el Ministerio de Fomento ven con buenos ojos la propuesta y se están perfilando los detalles. Deberían darse prisa, ya que el mercado estará muy revuelto todo lo que queda de año y quizá buena parte de 2011. Cuanto antes se pongan en marcha mecanismos de protección, mucho mejor para todos.