Tecnodependencia

Por samsungtomorrow

¿Sois de los que no podéis viajar sin vuestro smartphone, tableta o portátil? Un estudio de la cadena Starwood Hotels señala que más del 55% de los viajeros de negocios realizan sus trayectos con al menos tres dispositivos electrónicos. El informe habla de los viajeros de negocios, pero esta necesidad de estar permanentemente conectado también se puede trasladar al viajero de ocio.

¿A dónde nos lleva esta dependencia? Nada más aterrizar, pero con el avión en rodaje, el 54% de estos viajeros ya enciende su dispositivo. Además, un 36% es lo primero que comprueba nada más despertar en el hotel. Los teléfonos aparecen como los dispositivos número uno (74%), seguidos de las ‘tablets’ (65%), los reproductores de música (43%) y los ordenadores portátiles (32%).

Mantenerse al día con el correo electrónico de la empresa, consultar las redes sociales, navegar por Internet y el contacto con la familia son los principales motivos.

Londres: los Juegos Olímpicos del robo y la codicia

A cada uno lo suyo. Hace unos meses criticábamos a la ciudad de Río de Janeiro (Brasil) por los elevados precios de sus alojamientos con motivo de la celebración de Rio+20, el evento que reunió a los responsables medioambientales de los diferentes gobiernos del mundo. Ahora le toca a Londres (Reino Unido) por la celebración de los Juegos Olímpicos.

El portal Trivago ha informado de que las tarifas de las habitaciones en los hoteles de la capital británica han descendido un 36% con respecto a hace unos meses. En concreto, el coste medio de una habitación el 27 de abril era de 406 euros, mientras que el 25 de julio el mismo descendía a 258 euros. Algunos dirán: “es la ley de la oferta y la demanda”. Sí y no: es la ley del salvaje Oeste. Primero porque, en contra de lo que quieren todos los hoteleros, no se premia la reserva anticipada, sino que se penaliza cargándola con mayores costes. Y, en segundo lugar, porque los servicios y comodidades de los hoteles londinenses no merecen esos precios. Ni los de Londres ni los de cualquier capital europea. Hablamos de medias, claro. Porque pueden existir alojamientos de cinco estrellas y gran lujo cuyos servicios e instalaciones sí justifiquen estas tarifas, pero estos no son para la gran masa de turistas.

La idea oficial que subyace tras esta estrategia es la completar la ocupación, que actualmente supera el 70%, y con ello aumentar la rentabilidad. Sin embargo, la realidad es que con las tarifas cobradas en abril (cuando la ocupación ya llegaba al 70%) se cubren las plazas vacías en estas semanas. Alberto Calcerrada, director de comunicación de Trivago, explica que “el año pasado los hoteles londinenses recortaron parte de su inventario [de habitaciones] en las plataformas de reserva y guardaron un porcentaje esperando que este año los precios se inflaran”. Calcerrada añade que en enero la organización de los Juegos Olímpicos comunicó que “se liberaron 120.000 noches de hoteles más para las fechas del evento”. “Sin embargo el lleno al completo no se ha producido, y los alojamientos han ido rebajando sus precios hasta el último momento”, finaliza el director de comunicación de Trivago. El turista o visitante debe preguntarse si es lógico pagar cantidades abultadas por servicios estándar. ¿No se sentirá engañada la persona que reservó en abril a 400 euros y ahora ve que las habitaciones se venden a 200 euros?

Los datos de Trivago son un claro indicador de la codicia que mueve algunos eventos que concentran a un gran número de visitantes y turistas. Este comparador de hoteles cuenta con una base de datos de 500.000 alojamientos y, aunque no estarán todos los que son en Londres, sí que sirve para dar una idea muy aproximada de la realidad.

Seguros contra la quiebra de aerolíneas

No somos partidarios de cargar con costes innecesarios los billetes de avión. Esta industria ha sido muy golpeada por la crisis y el constante incremento de los precios del petróleo, reduciendo los márgenes de beneficio y de inversión de las aerolíneas. Ello ha provocado que muchas hayan tenido que echar el cierre, dejando a miles de pasajeros sin dinero ni vuelo.

Precisamente por esto, pensamos que el único coste que debería ser obligatorio para un pasajero en un billete de avión es el de un seguro que le cubra en caso de que la aerolínea quiebre. Rafael Gallego, presidente de CEAV, la confederación de agencias de viajes, lo ha solicitado en reiteradas ocasiones. La última, en las jornadas técnicas que ha celebrado la patronal en Berlín. En las mismas se ha tenido que oír a responsables de aerolíneas y del Ministerio de Fomento que esta medida no es posible ni recomendable. Sin embargo, como todos los mensajes que vienen del establishment, la verdad es la contraria.

Que desde Fomento no se preocupen de crear e imponer un sistema que garantice el dinero de los pasajeros en caso de que una aerolínea quiebre muestra a las claras la poca procupación por el cliente y el contribuyente. No hablamos de garantizar el viaje, algo que supondría una operación logística a gran escala. La idea que viene planteando Gallego y las agencias es que las aerolíneas estén obligadas a contratar una especie de seguro (o fondo) ante quiebras, de tal manera que si se produce el cese de operaciones se pueda reintegrar al pasajero en el menor tiempo posible el gasto que ha realizado.

Desde CEAV la medida no sólo se pide como protección al cliente, sino también como una forma de evitar que la agencia tenga que ser la pagana de estas situaciones. Hace unos años, con los antiguos dirigentes de Fomento se estuvo a punto de alcanzar un acuerdo, pero el lobby del sector aéreo es muy fuerte. El Gobierno debe pensar que es mejor para la imagen de país que se quiere conseguir la existencia de unos aeropuertos abarrotados tras la quiebra de una aerolínea, con los pasajeros y clientes lógicamente cabreados y una sensación de impunidad creciente. Veanse si no casos como Air Madrid o Air Comet. Con estas actitudes es lógico que España no salga del agujero ni gane credibilidad ni su turismo sea referencia de calidad.

Informar (bien) ayuda a combatir la crisis, no a acentuarla

Algunas personas, responsables incluso del mundo turístico, serían felices si se mantuviese a la población en la ignorancia. Ya se oyen las primeras voces: los medios tienen buena parte de culpa en que las personas que pueden viajar estén retrasando sus reservas. Tal afirmación la ha realizado Jesús Martínez Millán, ex presidente de FEAAV, en un foro organizado por Nexotur, uno de los semanarios más importantes de información turística en el panorama nacional. Y viene a ser lo mismo de siempre: matar al mensajero. Está claro que las noticias se pueden contar de muchas maneras, unas más tendenciosas y sensacionalistas que otras. La misión de un medio de calidad es la de informar sin opinar, dar todos los datos para que el lector juzgue.

Y datos son la caída de las pernoctaciones en un 16% durante los tres primeros meses del año (contando con que en 2008 la Semana Santa se celebró en marzo), tanto de visitantes extranjeros como de los nacionales. Datos son también el que nos hayan dejado de visitar 1,72 millones de turistas en el primer trimestre. Y otra cifra contundente es la de los cuatro millones de parados, que crean más incertidumbre acerca de la situación en la que se encontrará la economía en este verano (la temporada alta). ¿Qué debe hacer un medio ante esta situación? ¿Callarse y no contar nada por no alarmar? Nosotros pensamos que hay que informar, dar a conocer y ayudar a valorar la implicación de estas cifras. Y también debemos exigir a las asociaciones del sector turístico que insten al Gobierno a elaborar un plan de acción con unas líneas claras. Que se deje ya de parches, para hablar en plata.

Que el sector turístico es fuerte está fuera de toda duda, pero que su fortaleza se basa en la capacidad de consumo del cliente es otra verdad meridiana. Hay algo que no se cuenta, pero que es el quid de muchas cuestiones: más de la mitad de las vacaciones de verano de los últimos años se han pagado con créditos. Préstamos al consumo que ahora no son tan fáciles de conseguir; y menos si se tiene una hipoteca o cualquier otra carga. A ello se suma la espiral decreciente en los precios: ofertas (algunas lo parecen, pero no lo son) y rebajas, que también inciden en la actividad empresarial.

El turismo es fuerte, sí, pero no está exento de caer en el abismo como lo están haciendo el resto de sectores. Las cifras del primer trimestre deberían dar qué pensar a los responsables (políticos y empresariales) que deben tomar decisiones. Nos jugamos el 10% del PIB en ello. De momento, el motor de la construcción (que suponía el 18% del PIB) se ha gripado y está originando buena parte de nuestros males. El Plan Horizonte 2020 puede ser el camino correcto, como explican algunos expertos. Tampoco lo dudamos, pero plantea un horizonte demasiado largo. La situación actual es de cambios constantes y no se puede pensar en términos de muy largo plazo.