Las tres lacras que asustan al inversor

Javier Pérez-Tenessa, fundador y CEO de eDreams

Los políticos piensan que los casos de corrupción que salpican periódicos y televisiones día sí y día también no afectan a la imagen de España. Pero la verdad es que sí lo hacen. Al final se crea una conciencia (colectiva) de que la corrupción recorre la vida nacional, así como que hacer negocios en nuestro país es una cuestión de “amigos”. Y, en el fondo, lo es.

Javier Pérez-Tenessa, CEO y fundador de la agencia de viajes on line eDreams (parte del grupo Odigeo tras su fusión con GoVoyages y Opodo), se ha despachado a gusto en los últimos días con unas declaraciones en las que sostiene que buena parte de la crisis española se debe a la corrupción, la deficiente fiscalidad y la falta de educación. Y tiene razón. Muchas inversiones no llegan a España porque temen perderse en las mordidas del poder o de los acólitos que rodean al mismo. Otras no lo hacen, porque consideran que los amigos de los políticos y sus asesores tienen el negocio asegurado, mientras que estas inversiones tendrán que luchar contra la ingente burocracia que lo esclerotiza y paraliza todo. Y es cierto. O bien porque el sistema impositivo penaliza a quien quiere invertir no sólo para ganar dinero, sino para generar riqueza y puestos de trabajo.

No nos limitamos a reproducir lo que dice Pérez-Tenessa, sino que traemos aquí las opiniones y valoraciones de directivos españoles con los que hemos hablado. También las de otros extranjeros. Pero si se quieren datos oficiales, ahí están los últimos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que sitúan a los políticos y la corrupción en los primeros puestos de problemas considerados por los españoles.

En cuanto a la educación, Pérez-Tenessa se refería al deficiente nivel de inglés que poseen los españoles porque la política educativa no está concebida desde un punto de vista global. Debemos estar orgullosos del castellano, un idioma que hablan más de 300 millones de personas y que hace cinco siglos sirvió para vertebrar todo un imperio. Pero la realidad hoy es que el inglés es el idioma internacional y de los negocios (con permiso del chino, que lo será en una década), por lo que su aprendizaje es igual de importante que las matemáticas. La Comunidad de Madrid es de las pocas que cuenta con un programa de colegios e institutos bilingües para preparar decentemente a los estudiantes en la lengua de Shakespeare. Debe ser un modelo en toda España.

Todas estas conclusiones de Pérez-Tenessa, que hacemos nuestras después de saber lo que es luchar con la burocracia y con el amiguismo reinante en el mundo administrativo y turístico, no sólo se deben aplicar a esta actividad económica, sino a la de todo el país. Si la clase política tuviese una verdadera intención de mejorar la economía española, tocaría estos tres “ejes del mal” (junto con la lenta, arcaíca e injusta Justicia) antes que centrarse en reformas laborales, planes integrales del turismo y rescates financieros. Pero claro, hacer eso es como practicarse el harakiri. Pérez-Tenessa lo sabe, como cualquiera que trabaja o regenta una empresa en España, pero la diferencia es que él lo dice alto y claro.

El ministro y sus mosquitos

Cuidado con lo que dice, ministro

Los políticos se descalifican solos. La última ocurrencia de José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo, ha sido la de recomendar que los españoles realicen turismo “siempre” en España. “Cuando nos visitan 57 millones de turistas cada año, no pueden estar equivocados. A lo mejor los equivocados somos nosotros, que en vez de muchas veces quedarnos a hacer turismo dentro de España nos vamos a lugares recónditos del mundo”, ha declarado Soria hace unos días. Y se ha quedado tan pancho. Por si era poco ha agregado que muchos españoles salen del país en busca de sol y playa y se encuentran con “mosquitos, temperaturas que sobrepasan los 35 y 40 grados y una temperatura del mar que no es la que se puede encontrar en España”.

Las declaraciones no estarían mal si España fuese un país autártico (algunos quieren volver a la economía posterior a la Guerra Civil, de subsistencia). Pero se da el caso de que en nuestro país, además de las agencias que organizan viajes dentro de España, hay otras, denominadas emisoras, que preparan salidas a destinos extranjeros. Para el ministro Soria estos negocios deben de ser facturadores de mosquitos y altas temperaturas. Además, no deben de tener derecho a la vida, claro. Mayoristas como Catai o Kuoni, especializados en los grandes viajes (a destinos con millones de mosquitos, Soria dixit), estarán contentos.

En 2011, los residentes en España realizaron 13,1 millones de viajes al extranjero, un crecimiento del 6,1% con respecto al año anterior, según los datos del informe Balantur elaborado por el Instituto de Estudios Turísticos (IET). Incluso con la crisis, los viajes al extranjero aumentan. Lo cual da un clave de la inteligencia de los españoles, que se deciden a conocer otras culturas, mezclarse y aprender del “otro”, como decía Ryszard Kapuscinski. Y ello a pesar de los mosquitos.

Quizá la intención del ministro no fuese mala. España atraviesa una crisis muy dura y el negocio que se genere en el país aumentará la riqueza y las probabilidades de crear empleo. Pero las agencias emisoras también mantienen puestos de trabajo que dependen del interés de los españoles por viajar fuera. No se puede disparar contra ellas para beneficiar otros sectores.

Sí, las intenciones de Soria debían ser buenas. El ministro tampoco ha tenido empacho en señalar que “muchas veces nos fijamos solo en el turismo de sol y playa, pero las comunidades autónomas que no tienen mar disponen de una oferta turística maravillosa, con unos precios y una gastronomía extraordinaria”. Un aplauso para el responsable de Turismo, que ha descubierto la rica oferta de interior. A ver si este descubrimiento se nota en un plan integral que permita dar a conocer (como hace el ministerio que dirige Soria con el sol y playa) todos los encantos de esas comunidades que no tienen costa. Un plan serio, riguroso, con objetivos, que incluya a todos y pivote en bases como el turismo rural. Menos palabras y más hechos: a finales de agosto se cumplen ocho meses desde que Soria se sentó en el sillón de ministro de turismo y de un plan para el interior no se ha oído nada.

Subida de tasas: este verano, viajar será más caro

La estrategia del Gobierno de Mariano Rajoy (PP) es clara: devaluar el poder adquisitivo de los españoles con subidas en los precios públicos. Ha pasado con el transporte terrestre (tren y autobús) y ahora con el avión, gracias a la subida de las tasas aeroportuarias. Pero también se extiende a otros ámbitos: medicamentos, tasas de las comunidades autónomas, luz y gas… La lista es interminable. Sí, el Gobierno está contribuyendo a empobrecer el país. Se supone que con la idea de hacer más competitiva España de cara al exterior. A nuestro juicio, un claro error si se hace de forma indiscriminada, como está sucediendo. Lo siguiente: subida del IVA.

Las actividades del sector turístico (hotelería, restauración, transporte y agencias de viajes) son de las pocas que todavía funcionan en la economía española. Bien es cierto que gracias al turista internacional, ya que el español medio no gasta por el miedo al despido y porque percibe que día tras día sus gastos aumentan. Pero, con todo, se siguen generando ingresos turísticos que benefician a nuestro país. Lo que no puede hacer un Gobierno inteligente es matar esta “gallina de los huevos de oro” con subidas de precios.

En el caso de las tasas aéreas, el único culpable es el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy. Es fácil situarse en la posición del consumidor y exigir a las aerolíneas que asuman el coste del incremento (en su caso, Iberia lo cifra en más de 100 millones de euros), pero la realidad es que el negocio aéreo ha visto como se estrechaban sus márgenes en los últimos años. El precio del petróleo y la caída de la demanda han llevado a muchas aerolíneas a cerrar. Hacer que ahora asuman, de golpe, un gasto que para todo el sector podría llegar a los 709 millones de euros (resultado que sale de multiplicar los 70,9 millones de pasajeros que se han movido en los aeropuertos españoles hasta mayor por la subida media de 10 €) podría ser más contraproducente.

Y tampoco es solución que el cliente pague y pague y pague ad infinitum. La única salida posible es que las tasas aeroportuarias no se suban. Así de sencillo. Pero ha podido más el afán recaudador del Gobierno. No se sabe por qué, la enmienda que CiU y PP presentaron en el Senado para que la subida de tasas se cobrase desde el 1 de julio no ha sido aprobada en el Congreso. Ese “templo de la palabra” donde los representantes de la soberanía nacional oyen de todo menos las peticiones de quienes les eligieron.

Como en todo lo que nos está pasando a los españoles, en el caso de las tasas aeroportuarias estamos pagando los pecados y errores de otros. Los pagamos todos los españoles, claro, porque de quienes los provocaron e incitaron a ello no hay noticia. En los años de crecimiento, la deuda de AENA llegó a los 12.000 millones de euros. Eran los tiempos en que al político de turno se le ocurría construir un aeropuerto en mitad de la nada. O se le encendía la bombilla para reformar un aeropuerto sin apenas tráfico (como el de León). Y todo esto hay que pagarlo ahora. Lo vamos a pagar tú y yo, querido lector, pero no el malnacido que decidió endeudarnos de esta manera.

El día que España perdió la inocencia, definitivamente

Hoy, el Consejo de Ministros aprobará el Real Decreto-Ley que supondrá la defunción de la política de (mal)gasto que ha dirigido José Luis Rodríguez Zapatero durante los dos años de crisis. A falta de ver cuáles serán las partidas concretas de reducción del gasto en las administraciones, sólo podemos decir que este era un final inevitable.

Las medidas principales, disminución progresiva de un 5% en el sueldo de los funcionarios públicos, eliminación del cheque bebé, reducción de infraestructuras y congelación de las pensiones, serán el inicio de más iniciativas de esta índole. Después del verano, lo más probable es que el Gobierno proceda a una subida del impuesto de la Renta y de los impuestos especiales (alcohol y tabaco).

¿Cómo va a afectar esto al sector turístico? En primer lugar, se acabarán las ayudas millonarias que se han concedido a través de planes como el Renove para empresas del sector (las más beneficiadas han sido los hoteles). Asimismo, será casi seguro que fondos como el Fomit, para que los municipios turísticos se renueven, también se verán recortados. El primer aviso ya lo ha dado el Gobierno al no contemplar en los presupuestos del IMSERSO las 200.000 plazas adicionales que añadió el año pasado para las vacaciones de jubilados en la próxima temporada. Y así podríamos seguir.

Es decir, se acabó el vivir de la subvención pública. Esto funcionará y estará bien si se complementa con medidas que ayuden a crear empleo y fomenten el consumo. En caso contrario, nos espera un aumento de la pobreza y del paro. De hecho, la mejor forma de que el consumo crezca es la creación de puestos de trabajo. Ahora es cuando el Gobierno debe hacer lo que no ha hecho durante dos años: gobernar. Los recortes en el gasto serán dolorosos y nos traerán años de pobreza en los servicios públicos. Pero esto no nos servirá para crecer, sólo para poder pagar nuestra abultada deuda.

Para estimular el crecimiento será necesario reformar el mercado de trabajo, flexibilizando la contratación y el despido, con la correspondiente protección del trabajador. También será necesario ayudar a las empresas, no vía subvenciones públicas, sino a través de la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social y del Impuesto de Sociedades. Eso sí, garantizando que con estas bajadas impositivas se creen puestos de trabajo. Gravar más las rentas altas y las Sicav (sociedades en las que los ricos invierten sus patrimonios, ya que tributan al 1%) son otros dos pasos que ayudarán a aumentar los ingresos del estado y reducir el déficit. Si pagamos, paguemos todos.

Para 5 millones de parados, la crisis empezó hace dos años. Ahora llega el momento de que el resto de la sociedad se dé cuenta de que estamos en una situación económica difícil, a pesar de que algunos indicadores empiecen a repuntar. Ha llegado el momento de perder la inocencia: contener el gasto público de verdad y articular las medidas para crecer.

Espejismo de cifras y ayudas

Los datos estadísticos de las últimas encuestas turísticas muestran una recuperación del sector en el mes de marzo. Aunque este hecho es positivo y esperamos que se mantenga en el tiempo, también somos realistas y sabemos que es un espejismo provocado por la celebración de la Semana Santa a finales de marzo y principios de abril. En línea con las previsiones de Exceltur, la ocupación ha aumentado en los alojamientos, líneas aéreas e incluso agencias. Pero este aumento habrá repercutido de forma muy débil en los ingresos finales y, por ende, en los beneficios. Los precios siguen por los suelos y los costes no se pueden ajustar más.

Sin duda, los datos de abril para el sector turístico también serán buenos, aunque todavía hay que ver el impacto que la crisis de la nube volcánica habrá tenido sobre el sector. Desde el Gobierno se calcula que cerca de 500.000 turistas no pudieron llegar a España por el cierre de los aeropuertos europeos. No parece una pérdida inasumible, teniendo en cuenta que el año pasado llegaron a nuestro país 4,5 millones de turistas en abril y que los tres primeros días del mes han sido fiesta gracias a la Semana Santa. Más inasumible es que las empresas turísticas hayan dejado de ingresar 252 millones de euros por este hecho.

A pesar de todo esto, creemos que hasta junio no se verá realmente si se produce una recuperación en el sector o no. Esperamos equivocarnos y, si lo hacemos, lo reconoceremos en este mismo portal. De hecho, deseamos equivocarnos. Pero donde se la jugará realmente el turismo español es en los meses de verano, amén de que los esfuerzos por desestacionalizar la demanda todavía son imperceptibles en las estadísticas.

En cualquier caso, el turismo, a pesar de suponer un 10% del PIB español (es decir, más de 100.000 millones de euros) preocupa poco al Gobierno. A nivel europeo se darán ayudas económicas a las aerolíneas para paliar las pérdidas ocasionadas por la crisis de la ceniza volcánica. Nada se ha oído de un comportamiento similar de cara al turismo europeo. Absolutamente nada. Y ese silencio sólo es prueba de la poca prioridad que representa para los gobiernos del euro una actividad que genera tanta riqueza y empleo. Lamentable.

Una de cal y otra de arena para el turismo patrio

Esta semana ha pasado desapercibida en la mayoría de los medios la noticia de que el número de turistas extranjeros que nos visitaron en enero ha aumentado un 1,1% con respecto al mismo mes de 2009. Desde un punto de vista objetivo hay que reconocer que no era difícil conseguir un mayor número de visitantes que el año pasado, ya que 2009 fue el peor de los últimos cinco ejercicios. Sin embargo, la cifra puede suponer un punto de inflexión en el maltrecho estado del turismo para los próximos meses. La prueba de fuego estará en la Semana Santa.

Canarias es la ganadora, con un crecimiento del 1,6%. Tras meses de caídas, el archipiélago ha empezado a recuperarse, lo que también indica que el mercado británico (el principal de la región) puede estar iniciando la mejoría. Esto también sería bueno para otros destinos de playa. No obstante, debemos señalar que las autoridades, desde el Gobierno a las CCAA, pasando por las empresas privadas, no deberían dormirse en los laureles. Sigue siendo necesario diversificar la oferta española y desestacionalizarla para generar más y mejor negocio. Y también es imperioso ganar en competitividad.

Por otro lado, la cruz de esta moneda hay que buscarla en las pernoctaciones hoteleras. España es el primer país de la Unión Europea en el que más noches de hotel se pasan. Pero también es verdad que éstas han descendido por encima de la media europea en el último año, consecuencia de la excesiva dependencia de nuestro turismo de los visitantes extranjeros. Otros estados como Alemania o Gran Bretaña han tenido caídas muy inferiores porque su negocio turístico es movido mayoritariamente por el mercado interno. Y, por su lado, los hoteles se han visto obligados a bajar sus precios, por lo que, aún siendo el país con mayor número de pernoctaciones, la rentabilidad también ha decaído.

No estamos diciendo que haya que centrarse sólo en el cliente nacional, sino que hay que potenciar más el producto que se ofrece al mismo y buscar nuevos mercados internacionales en países con mayor recorrido que los tradicionales europeos. Pero para eso hay que vender algo distinto.

El crecimiento de la economía británica pilla desprevenido al turismo español

La resurrección del PIB británico en el último trimestre del año (un 0,1%) es una buena noticia, pero hay que valorarla con matices. Es cierto que Gran Bretaña supone el 25% de nuestra demanda, pero también es verdad que en el Mediterráneo hay otros destinos más competitivos que España y más apetecibles para nuestro principal mercado.

En el último año la afluencia de visitantes británicos a estados como Egipto, Turquía o Chipre no ha dejado de crecer. El motivo es que estos países ofrecen una oferta de sol y playa más asequible que la española. Y es que España cuenta con el Euro como moneda oficial, mucho más fuerte que la Libra británica, lo que hace que muchos nacionales de este país decidan recurrir a otros destinos mediterráneos donde su cambio es más favorable. A esto se suma que el Gobierno de Gordon Brown acometió una devaluación de su moneda para frenar el incremento del paro, medida que no se puede adoptar en España.

Llevando todo esto al terreno de la práctica, el cálculo (donde siempre interviene el bolsillo) es muy sencillo. A día de hoy un británico que venga a España recibirá 1,15 euros por cada libra. Es decir, que si en su bolsillo trae 1.500 libras, en España tendrá para gastar 1.727 euros. Sin embargo, con la misma cantidad de libras, en Turquía le darán 3.626 liras turcas (y con precios más bajos). La diferencia es clara, ¿verdad? Y en Egipto, este británico recibirá 13.272 libras egipcias. En Marruecos, otro de nuestros competidores, el turista de Reino Unido tendrá en su bolsillo 19.482 Dirhams marroquíes.

¿Cuál es la solución? Una repuesta difícil y que no pasa por la bajada de precios que se ha vivido en el último año, con la que se han reducido los ingresos y que ha dejado a la mayoría de firmas turísticas en números rojos. En Exceltur, junto con otros expertos, aseguran que el camino es ofrecer algo más que el “sol y playa” tradicional en el que se basa buena parte de la oferta española. Hay que intentar que el viajero foráneo perciba que está pagando por una experiencia única y distinta que no va a conseguir en otros países de nuestro entorno, a pesar de que tengan cambios más favorables y precios más reducidos. Y esto no se hace de la noche a la mañana en un sector muy afectado por la crisis.

Dinero público para las aerolíneas: mal negocio

El Gobierno se ha retrasado, pero finalmente ha decidido habilitar un crédito de 600 millones de euros, a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO), para intentar salvar a algunas compañías del sector aéreo. Es una medida más de un gabinete que se ha caracterizado por ir improvisando los parches que ponía en marcha para paliar los efectos de la crisis en la economía nacional. Cabe preguntarse por qué no se aprobó esta iniciativa en el reciente Consejo de Ministros sobre turismo que se celebró en Palma de Mallorca.

A falta de conocer concretamente los términos de la línea de financiación, hay que resaltar que la misma se va a pagar con dinero público, de todos los contribuyentes. Y nos preguntamos por qué se habilita un crédito extraordinario para dotar de liquidez al sector aéreo y no para el de alojamientos o el de agencias de viajes, golpeados de igual manera por la recesión. En estos sectores, el Gobierno ha optado por no intervenir y dejar que sea la marcha del mercado quien regule su tamaño. Miles de agencias han cerrado desde primeros de año y muchos hoteles no han abierto ni contratado a personal en temporada baja. Quizá porque hay que ajustarse a la demanda cuando ésta ha caído de forma considerable.

Lo mismo sucede en el sector aéreo: la demanda de vuelos ha descendido (para los próximos meses se han reservado un 15% menos de derechos de vuelo en los aeropuertos que hace un año). Ello ha llevado a las principales aerolíneas a ajustar sus gastos y sus operaciones. Y aún así hay firmas que se ven “ahogadas” y con problemas de liquidez, como Air Comet, una de las compañías para las que se ha preparado esta línea de crédito. Muchos de los problemas de estas firmas vienen de los compromisos de inversión que habían alcanzado meses antes de la irrupción de la crisis, cuando el mercado todavía permitía vivir por encima de las posibilidades. Ahora, las obligaciones a las que tienen que hacer frente les llevan a dejar de abonar los salarios de sus empleados, incluso.

Aunque estos problemas de liquidez son consecuencia de la crisis, también lo son por una mala política de inversiones. Por ello nos parece equivocado y un despropósito que estos desmanes se financien con el dinero público. A pesar de que sea en forma de créditos blandos que tengan que ser devueltos. Los únicos por los que nos podemos alegar son los empleados de estas líneas aéreas, económicamente más ahogados que ellas. Es posible que vean su situación regularizada en las próximas semanas, pero ¿a qué precio?

Esperamos que el Gobierno articule, a través del ICO, unos mecanismos suficientes para controlar a qué se dedica el dinero prestado. Eso como mínimo. Aunque con los desmanes que hemos visto en el sector bancario…

Sinvergüenzas del aire: clientes indefensos

Otra vez ha vuelto a pasar. Una línea aérea (SkyEurope) ha quebrado y ha abandonado a su suerte a los pasajeros que tenían billete con la misma, a los que ha “recomendado” que compren vuelos en otras firmas aéreas. Billetes que, por supuesto, SkyEurope no piensa abonar. Y es que la realidad demuestra que, por muchas directivas europeas que haya, el consumidor siempre acaba pagando las consecuencias de permitir que unos sinvergüenzas operen vuelos.

La noticia de la suspensión definitiva de actividades de SkyEurope no es una gran sorpresa, ya que desde junio la firma se encontraba en un concurso voluntario de acreedores debido a su insolvencia. Lo que sí llama la atención es que los responsables de la low cost eslovaca no hayan habilitado las medidas necesarias para hacerse cargo de los pasajeros que han comprado billetes con la misma. La quiebra de una firma aérea no es algo que suceda de un día para otro, se sabe con antelación y se pueden poner en marcha los procedimientos necesarios para repatriar a los clientes que hayan adquirido ticket de vuelta y no dejarles “colgados”, como ha ocurrido.

El caso presenta algunas similitudes con lo ocurrido en nuestro país con Air Madrid en 2006. El tema todavía está en los juzgados y hace tres años que los clientes que compraron billetes con la aerolínea de José Luis Carrillo no cobran los importes que la misma les debe. Idéntico destino les espera a los pasajeros de SkyEurope, con una empresa en concurso de acreedores y en previsible liquidación.

Al poder, muy cercano a las compañías aéreas, le importa muy poco que un ciudadano pueda quedar varado en cualquier lugar del mundo porque la aerolínea con la que tenía contratado su vuelo quiebre y decida no hacerse cargo del mismo. Las agencias de viajes están hartas de denunciar este extremo: se quejan, con razón, de que mientras ellas deben depositar fuertes fianzas y contar con caros seguros para poder hacerse responsable del cliente en caso de quiebra, las aerolíneas sólo necesitan unas licencias y someterse a unos controles, sin estar obligadas a responsabilizarse del usuario. Un despropósito.

La Comisión Europea, tan estricta en cuestiones de competencia y monopolio, debería articular un conjunto de medidas que de verdad sirviesen para proteger a los clientes de las líneas aéreas. Que garantizasen su derecho a recibir una indemnización de forma rápida y justa y, desde luego, a ser repatriados a su país de origen, aunque la firma en cuestión quiebre. De hecho, el problema de nuestros días es que lo que ha pasado con SkyEurope puede suceder con cualquier otra firma aérea, incluso las “tradicionales”.

En la playa, ni agua

El verano de 2009 será recordado como aquél en el que se prohibió todo en la playa, so pena de tener que desembolsar el dinero de las vacaciones en concepto de multa. Al parecer, la dureza de la crisis ha obligado a los ayuntamientos a desarrollar todo tipo de tretas para llenar las arcas públicas. Esto es: multas. Y para poder beneficiarse de dichos ingresos, no sólo están al acecho haciendo cumplir la normativa a rajatabla, sino mucho más allá: ahora se promulgan ordenanzas ridículas en lo prohibitivo hasta lo grotesco.

A partir de ahora, España se supeditará, en función de la comunidad autónoma en la que se encuentre cada uno, a normas tan útiles y necesarias como la prohibición de colocar un cartel en el coche que diga “se vende”. Y es que esto será considerado como venta ambulante; a ello se añade que tampoco se pueden adoptar más de tres mascotas, ni éstas pueden subir en el ascensor comunitario o que la basura deba tirarse al contenedor a una hora concreta. No se pueden comprar ni vender bebidas en la calle, ni por supuesto, consumirlas. Los animales deben ser paseados 20 minutos al día o, como mínimo, no permanecer atados más de 6 horas. Regar las plantas fuera de hora o, algo tan típico y pintoresco para el turismo, tender la ropa en lugares visibles también está prohibido. Y la retahíla sigue sin fin hasta el absurdo más insospechado.

No obstante, lo verdaderamente grave de esta escalada de incongruencias es la nueva persecución a los bañistas en la playa. La venta ambulante está absolutamente vetada, a partir de ahora nada de masajes, trencitas, tarot, videncia ni bocadillos, pipas y refrescos. Nada de nada. Por no poder, tampoco se puede llevar al perro a la playa, por muy bien educado que esté. Tampoco se puede jugar a la pelota, ni cantar, gritar o generar ningún tipo de ruido, con lo que quedan excluidas las despedidas de solteros.

Pero, sin duda, lo último de lo último, la medida que más ampollas ha levantado, es la prohibición del nudismo, aunque sólo se trate de hacer top less para tomar el sol. Es decir, todo aquello por lo que los turistas perdían los papeles para viajar a España, ahora está prohibido. Las consecuencias se puede observar con sólo hacer acopio de las quejas que se acumulan, por parte de los lugareños, pero sin duda, será mucho más evidente a largo plazo, cuando el año que viene, los extranjeros hagan las maletas y se vayan a Italia, Grecia o a Croacia.

Al parecer, las exageradas normativas de tráfico no han sido suficientes y ahora nos hemos apuntado también a la liga inquisidora antitabaco. En poco tiempo sólo se podrá fumar en casa y en la cárcel. Porque, desde luego, en playa tampoco se puede. Ni acampar, ni poner música, ni el tan romántico y legendario sexo sobre la arena, ni madrugar para coger sitio, porque muchas playas han puesto horario de apertura y antes de las 8 no se puede pisar el mar. Claro que, como la obligación de llevar cinturón, aunque la seguridad sea una cosa personal, tampoco se podrá uno meter en el agua con bandera roja, un distintivo que informa del estado de la mar, y que ahora será un icono prohibitivo más. De hecho, tampoco se puede acudir a la playa con un coche tuneado… con uno sin tunear, sí.

Todo aquél que enturbie la paz y el estado de la playa será perseguido. Es decir, a partir de este verano, las playas serán tratadas como parque natural protegido y seguramente pronto tendremos que pedir cita con antelación para poder darnos un baño en el agua salada. Es una auténtica lástima, pero con tanta tontería sólo vamos a perder ese turismo de sol y playa que tantos beneficios nos ha proporcionado para el desarrollo costero español.