Quedarse sin equipaje en mitad de cualquier sitio cuesta 1.100 euros

El Tribunal de la Unión Europea (TUE) ha dado un mazazo a los pasajeros de aerolíneas que se ven perjudicados por la pérdida de su equipaje en un vuelo. Aunque la decisión del TUE se ajusta a derecho y sigue las leyes comunitarias de forma estricta, no deja de ser irrisorio que la indemnización por la pérdida (o destrucción) de las maletas se haya fijado en 1.100 euros por pasajero.

El asunto es bastante grave, ya que llegar a un país (ya sea europeo o de otro continente) sin tu equipaje ni pertenencias personales no es que sea sólo incómodo, sino que supone una serie de quebraderos de cabeza que suelen desembocar en pérdidas ingentes de dinero. El cliente debe comprarse nueva ropa, generalmente usando su tarjeta de crédito, lo que le llevará a pagar elevadas comisiones por ello. Amén de que el valor de un pantalón en Madrid no es el mismo que en Copenhague, por poner un ejemplo.

Por otro lado, la cobertura de 1.100 euros sobrepasará en muchos casos el valor de las pertenencias que alberga una maleta, pero no en todas las situaciones. Si, por ejemplo, volvemos de un viaje en el que hemos realizado una serie de compras, a buen seguro se superará ese importe. Y, después de la pérdida de la maleta, ni veremos nuestro equipaje ni los productos que hemos comprado.

Entendemos que es necesario fijar unas cantidades límite para dar seguridad jurídica a las aerolíneas y no caer en un baile de indemnizaciones. Sin embargo, creemos que se podría poner en marcha una medida para ser más justos: la simplificación y el abaratamiento del sistema de declaración de equipaje, relacionándolo con una escala de indemnizaciones. La Comisión Europea debería poner este delicado tema en su agenda cuanto antes.

Abusos en el transporte del equipaje

La ley es muy clara: “El transportista estará obligado a transportar juntamente con los viajeros, y dentro del precio del billete, el equipaje, con los límites de peso y volumen que fijen los Reglamentos. El exceso será objeto de estipulación especial”. El equipaje propiamente dicho, y no el exceso, no debe cobrarse en la facturación al cliente. Esta es una práctica que se ha mantenido durante años, pero en los últimos tiempos algunas aerolíneas (fundamentalmente de bajo coste) están incumpliendo la normativa.

Las acciones de entidades como Facua o la Comunidad de Madrid nos parecen loables, y cumplen perfectamente con su función de evitar abusos de los que muchas veces los pasajeros no tienen conocimiento. Sin embargo, no es menos cierto que el precepto que regula la facturación del equipaje se encuentra en una ley de hace 48 años, cuando el transporte aéreo no tenía absolutamente nada que ver con el que se realiza hoy en día.

Las firmas aéreas, aún a riesgo de incumplir la ley, han visto en el cobro del equipaje una forma de diversificar sus ingresos en un mercado de transporte masificado. Sería bueno plantearse, desde un punto de vista objetivo, si el traslado del equipaje del viajero debe considerarse como un servicio por el que pagar. Y, si se llega a esta conclusión, habría que habilitar unos mecanismos de defensa por parte del consumidor con los que pueda denunciar los extravíos de sus maletas y reclamar de una forma efectiva indemnizaciones a las compañías aéreas. En pocas palabras: un sistema sancionador que funcione y que dé al viajero el protagonismo para exigir el cumplimiento de sus derechos.