José Manuel Soria: de Bahamas a Panamá

El ministro de Industria, Energía y Turismo ha sido centro de la polémica en múltiples ocasiones. Ahora aparece en los “Papeles de Panamá”. Una mínima decencia le llevaría a la dimisión tras haber cambiado tres veces su versión de los hechos.

José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo | Foto: Ministerio de Insdustria, Energía y Turismo

En un sistema político serio, José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo, no habría durado ni un día tras conocerse que sus vacaciones en Lanzarote las ha pasado en un hotel construido de forma ilegal y con una demolición parcial pendiente. Y no durante un año, sino varios. Pero la democracia española no es seria. Con un Gobierno decente, Soria no habría seguido en su cargo ni un día tras conocerse que aparece en los denominados Papeles de Panamá y, mucho menos, tras haber cambiado su versión sobre este hecho tres veces.

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Nuevas, e innecesarias, medallas y placas al Mérito Turístico

En el Ministerio de Industria, Energía y Turismo deben de tener pocas ocupaciones, porque una de las últimas ocurrencias de sus responsables ha sido la de modificar la norma que regula la medalla y la placa al Mérito Turístico que otorga este organismo. El dato no sería significativo si no fuese porque estos premios ya fueron regulados en el año 2005 por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE). El nuevo Ejecutivo de Mariano Rajoy (PP), con José Manuel Soria como ministro de Turismo, se escuda en que, desde entonces, “el sector turístico ha experimentado enormes transformaciones, con la aparición de las compañías aéreas de bajo coste, la incorporación de nuevos destinos turísticos y la irrupción de las nuevas tecnologías y de las redes sociales”, lo que obliga a modificar la normativa. Bien, las aerolíneas low cost ya operaban en 2005, los nuevos destinos turísticos (habrá que saber a cuáles se refiere) también estaban ahí. Lo único que puede tener sentido es la importancia que han ganado las redes sociales como plataformas de promoción.

A pesar de ello, los cambios en la normativa son mínimos, casi cosméticos. En vez de usar las denominaciones que Miguel Sebastián, ministro de Industria, Turismo y Comercio en 2005, instauró para las medallas, se aprueban otras con conceptos tan ambiguos como innovación, promoción, sostenibilidad o internacionalización. Las categorías de 2005 tampoco eran mejores, aunque algunas sí sonaban más concretas: hostelería, servicios turísticos, sector público, conocimiento turístico o ámbito internacional.

Las medallas y placas al Mérito Turístico fueron creadas en 1962 por deceto, cuando Manuel Fraga era ministro de Información y Turismo en el régimen dictatorial del general Franco. Entonces nuestro turismo estaba empezando a despegar con la llegada de visitantes extranjeros en busca de sol y playa. La implantación de estas condecoraciones era una forma de estimular al sector para que mejorase su calidad y de dar una etiqueta para generar confianza entre los turistas. Entonces había tres categorías: oro, plata y bronce.

Hasta 2005, esta condecoración, que ha premiado a muchas figuras del sector a lo largo de los años (muchas veces sin causa justificada), no fue regulada para ajustarla a las nuevas necesidades de la economía española y a su modelo turístico. Hoy, más que para atraer y orientar al viajero, estos premios sirven como reconocimiento a aquellas personas o empresas que han tenido un papel significativo en el sector. Pensamos que, para poner en valor verdaderamente estos galardones, se debería realizar una regulación más seria, que establezca los requisitos para optar a su consecución y que los expedientes que se abran para la misma sean públicos y transparentes.

El ministro y sus mosquitos

Cuidado con lo que dice, ministro

Los políticos se descalifican solos. La última ocurrencia de José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo, ha sido la de recomendar que los españoles realicen turismo “siempre” en España. “Cuando nos visitan 57 millones de turistas cada año, no pueden estar equivocados. A lo mejor los equivocados somos nosotros, que en vez de muchas veces quedarnos a hacer turismo dentro de España nos vamos a lugares recónditos del mundo”, ha declarado Soria hace unos días. Y se ha quedado tan pancho. Por si era poco ha agregado que muchos españoles salen del país en busca de sol y playa y se encuentran con “mosquitos, temperaturas que sobrepasan los 35 y 40 grados y una temperatura del mar que no es la que se puede encontrar en España”.

Las declaraciones no estarían mal si España fuese un país autártico (algunos quieren volver a la economía posterior a la Guerra Civil, de subsistencia). Pero se da el caso de que en nuestro país, además de las agencias que organizan viajes dentro de España, hay otras, denominadas emisoras, que preparan salidas a destinos extranjeros. Para el ministro Soria estos negocios deben de ser facturadores de mosquitos y altas temperaturas. Además, no deben de tener derecho a la vida, claro. Mayoristas como Catai o Kuoni, especializados en los grandes viajes (a destinos con millones de mosquitos, Soria dixit), estarán contentos.

En 2011, los residentes en España realizaron 13,1 millones de viajes al extranjero, un crecimiento del 6,1% con respecto al año anterior, según los datos del informe Balantur elaborado por el Instituto de Estudios Turísticos (IET). Incluso con la crisis, los viajes al extranjero aumentan. Lo cual da un clave de la inteligencia de los españoles, que se deciden a conocer otras culturas, mezclarse y aprender del “otro”, como decía Ryszard Kapuscinski. Y ello a pesar de los mosquitos.

Quizá la intención del ministro no fuese mala. España atraviesa una crisis muy dura y el negocio que se genere en el país aumentará la riqueza y las probabilidades de crear empleo. Pero las agencias emisoras también mantienen puestos de trabajo que dependen del interés de los españoles por viajar fuera. No se puede disparar contra ellas para beneficiar otros sectores.

Sí, las intenciones de Soria debían ser buenas. El ministro tampoco ha tenido empacho en señalar que “muchas veces nos fijamos solo en el turismo de sol y playa, pero las comunidades autónomas que no tienen mar disponen de una oferta turística maravillosa, con unos precios y una gastronomía extraordinaria”. Un aplauso para el responsable de Turismo, que ha descubierto la rica oferta de interior. A ver si este descubrimiento se nota en un plan integral que permita dar a conocer (como hace el ministerio que dirige Soria con el sol y playa) todos los encantos de esas comunidades que no tienen costa. Un plan serio, riguroso, con objetivos, que incluya a todos y pivote en bases como el turismo rural. Menos palabras y más hechos: a finales de agosto se cumplen ocho meses desde que Soria se sentó en el sillón de ministro de turismo y de un plan para el interior no se ha oído nada.