París y terrorismo = 1 millón menos de viajeros

El Comité Regional de Turismo de París estima que los hoteleros y comercios relacionados con esta actividad han dejado de ingresar 750 millones de euros en los seis primeros meses de 2016. El terrorismo, las huelgas y las inundaciones, principales causas.

Patrulla del Ejército francés bajo la Torre Eiffel | Foto: Ministerio de Defensa de Francia
Patrulla del Ejército francés bajo la Torre Eiffel | Foto: Ministerio de Defensa de Francia

París ha puesto cifras al efecto de los atentados terroristas y las diferentes huelgas en su industria turística. Los negocios relacionados con el turismo han perdido 750 millones de euros entre enero y junio de 2016. Es la consecuencia de un descenso del 6,4% en la llegada de turistas a la capital de Francia (un millón de personas menos). La estrecha relación entre turismo y seguridad es cada vez más evidente.

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VÍDEO: Amordazado en pleno vuelo

Atado y amordazado en pleno vuelo. Así acabó un viajero borracho en un vuelo entre Islandia y EEUU, según revela un vídeo de la cadena estadounidense CBS. Al parecer, Gudmundur Karl Arthorsson, de 46 años, bebió demasiado alcohol antes de embarcar en su vuelo y durante el mismo no tuvo un comportamiento demasiado adecuado.

Según la información de la CBS, este pasajero escupió a una mujer y se desató gritando que el avión se iba a estrellar. Como no entraba en razón, la solución de la tripulación fue atarlo y amordazarlo. Bien atado.

Ryanair y American Airlines, vuelos con fisuras

El avión es el medio de transporte más seguro del mundo, como demuestran diversas estadísticas. Imagine la escena. Ha pasado todos los controles de seguridad del aeropuerto, su equipaje de mano cumple con las medidas que impone Ryanair. Está sentado en su asiento. El avión rueda hacia la pista de despegue y ve las zonas de rodadura a través de la ventana y el ala del aparato. Siente ese cosquilleo en la tripa (o el estómago, depende de la literatura), porque que el hombre vuele es antinatura. Y al acercarse a la pista de despegue, el ala de nuestro avión, un Boeing 737-800 de Ryanair, impacta contra el fuselaje de una aeronave de American Airlines, modelo Boeing 767-300, quedando dañada y provocando desperfectos en el otro vuelo. Como es lógico, el miedo nos puede y avisamos a las azafatas. Éstas trasladan el aviso a la cabina de pilotos, pero hacen caso omiso de la alerta y emprendemos el vuelo. Con un ala afectada. El avión de American también siguió su vuelo, claro.

Así quedó el ala del avión de Ryanair y el fuselaje del de AA

Este relato, que puede parecer de película, ocurrió realmente en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat el 14 de abril de 2011. Esta semana la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) concluyó su informe y lo dio a conocer. Pero el peligro no sólo está en los pilotos temerarios. Hace unas semanas, un buitre leonado impactó contra el morro de un Airbus de Iberia en pleno vuelo, provocándole un boquete de grandes dimensiones. El piloto tuvo que regresar a Barajas. Al parecer, los halcones entrenados por el servicio ideado para ahuyentar a pequeñas aves no hicieron bien su trabajo.

Estos dos incidentes dan idea de que, sí, el transporte aéreo es seguro (cuando se está en el aire), pero cada día suceden en los aeropuertos españoles y del mundo multitud de casos. Sólo hay que ver la página de la CIAIAC, repleta de informes sobre problemas. En la mayoría de los casos, la culpa de estos incidenetes se debe un error humano.¿Cómo se puede obviar un aviso de que el ala de nuestro aparato ha colisionado con otro avión?

¿Existe un sistema de sanciones adecuado, tanto para pilotos como para aerolíneas? ¿Las autoridades de inspección cuentan con el personal suficiente y necesario? ¿Se presta atención a la seguridad? Todo parece indicar que no lo suficiente. Y da la impresión de que en el 90% de los casos, los incidentes no se convierten en accidentes gracias a la suerte.

Más de mil ojos (y micrófonos) vigilan en los aeropuertos de Canadá

De todos los viajeros es conocido el desprecio que las autoridades de los diversos países muestran por sus derechos, siempre amparándose en la seguridad. Esto es más notable en los aeropuertos. Ahora se ha conocido que el Servicio Canadiense de Aduanas (CBSA por sus siglas inglesas) ha instalado una red de cámaras de alta definición y micrófonos en todos los aeropuertos del país. El objetivo es grabar los actos y conversaciones de usuarios y empleados para aumentar la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, según el diario Vancouver Sun. De momento, Vic Toews, ministro de Seguridad Pública en Canadá, tras las críticas recibidas, ha ordenado que se paralicen las escuchas hasta que se realice un informe sobre su impacto en la privacidad.

Hay que ser poco inteligente (o considerar poco inteligentes a sus ciudadanos y votantes) para esperar un informe de este tipo. Está claro que cuando una persona es espiada en un lugar público, como un aeropuerto, sin controles judiciales ni normas legales que regulen este acto se están pisoteando sus derechos más fundamentales. La intimidad y el secreto de las comunicaciones borrados de un plumazo.

La idea de las autoridades canadienses, que no es del Gobierno actual, puesto que ya lleva varios años de funcionamiento, es horrible. Ya conocemos las ínfulas de “Grandes Hermanos” de muchos de nuestros políticos, de un color o de otro, de un país o de otro. Quizá sea el momento de hacer un listado de países poco adecuados para viajar y hacer turismo por este tipo de medidas. ¿Estáis dispuestos a sacrificar vuestra privacidad por visitar un destino concreto?

Aeropuertos más amigables

¿Alguna vez alguien ha visto un aeropuerto así de vacío?

Hemos hablado en muchas ocasiones de los inconvenientes de viajar en avión por las, en demasiadas ocasiones, absurdas medidas de seguridad. Y parece que esta idea de lo absurdo empieza a calar en las autoridades encargadas de esta materia. En la edición del 21 de abril del semanario The Economist, Kip Hawley, un antiguo director de la Administración de Seguridad en el Transporte estadounidense (TSA en sus siglas inglesas), ha admitido que la seguridad en los aeropuertos necesita una reforma.

El paso es interesante, ya que después de los atentados del 11 de septiembre de 2011 fue la TSA la encargada de poner en marcha los protocolos de seguridad en los aeropuertos y en el embarque. Hawley propone algunas ideas para hacer más llevadera la seguridad. Por ejemplo, que las aerolíneas dejen de cobrar por las maletas. Este exdirectivo piensa que de esta manera los pasajeros facturarían todo su equipaje y no llevarían casi nada en el avión, lo que evitaría demoras innecesarias en el embarque. Seguro que las aerolíneas no están tan conformes con este planteamiento, ya que los ingresos por equpaje facturado son una de sus líneas de negocio.

Otra de las propuestas es permitir que los pasajeros embarquen con todo tipo de líquidos, pero el que quiera realizar esto deberá pasar por una cola especial donde se controlarán. Hawley también es partidario de eliminar las prohibiciones de llevar cuchillos, navajas, tijeras e incluso mecheros en los aviones. Este experto asegura que las puertas que dan acceso a la cabina de pilotos se han hecho lo suficientemente robustas como para dañarlas con cualquiera de estos objetos.

Por último, Hawley aboga por realizar controles más aleatorios y no tan rígidos, ya que los terroristas pueden usar la previsibilidad de los mismos para colarse en los vuelos. Por su lado, IATA ha manifestado que el sector debe tender un punto de facturación del futuro en el que se hagan las tres tareas principales a la vez: facturación, segguridad, control de aduanas y pasaporte.

Hawley no es la primera voz en el sector que pide estas modificaciones y en la Unión Europea ya se ha intentado poner coto en varias ocasiones al espinoso asunto del transporte de líquidos en el equipaje de mano. Pero la burocracia y el miedo a nuevos atentados tumban muchas de estas propuestas. ¿Cómo lo véis? ¿Pensáis que se impondrá la razón y la comodidad de nuevo en los vuelos?

Un invierno con mascarilla en el aeropuerto

Como buena pandemia que se precie, la de gripe A sigue expandiéndose por el mundo, aunque parece que con cuentagotas, de momento. Las informaciones que nos llegan desde Europa sitúan al Reino Unido como el peor país por número de contagiados (29 de ellos han muerto) y por potenciales víctimas (hasta 65.000, según las últimas estimaciones). Este es un tema importante para el turismo, porque precisamente aerolíneas del Reino Unido ya han empezado a vetar la entrada de pasajeros con síntomas a los aviones que salen desde los aeropuertos de Heathrow y Gatwick.

Y seguro que no serán las únicas. Veremos lo que pasa en Europa cuando llegue el invierno y se den las condiciones climatológicas idóneas para la fácil transmisión y contagio del virus. Más vale que las autoridades sanitarias de todo el continente estén preparadas para una emergencia sanitaria que tiene precedentes en la epidemia de gripe aviar registrada en Asia hace unos años. Es verdad que el número de desplazamientos en avión se ha reducido como consecuencia de la crisis, pero la gente seguirá viajando a pesar de todo y en el equipaje no sólo llevarán la ropa y los utensilios de cuidado personal. ¿Habrá que restringir los desplazamientos? ¿Es esto posible y recomendable?

Uno de los focos de peligro que podemos encontrarnos en Europa puede estar en África. No se entienda mal esta afirmación. Los vuelos y desplazamientos al continente africano han crecido en los últimos años y, aunque se han ralentizado con la crisis, todavía seguirán aumentando. Las condiciones sanitarias en muchos países del continente negro dejan bastante que desear, fundamentalmente por la depresión económica que sufren la mayoría de ellos y por la explotación a la que les ha tenido sometida el primer mundo. Por ello, el problema no está en los nacionales de estos países que puedan viajar a Europa (también puede traer el virus un asiático), sino en los europeos que por motivos de ocio o negocios se trasladen a los mismos.

Probablemente debemos prepararnos para pasar un invierno con la mascarilla en el aeropuerto y bajo los controles de las pantallas de calor termal, con las que medirán nuestra fiebre. Como ya pasa en China, por ejemplo.

Magdalena Álvarez es quien debe acudir al Congreso y no el presidente de Iberia

“Cortina de humo”. Es una estrategia que tiende a ocultar algo más grave con una acción menos importante. Eso es lo que significa la petición del grupo socialista en el Congreso de los Diputados para que Fernando Conte, presidente de Iberia, comparezca en la cámara baja y dé explicaciones sobre la situación de la compañía. Primer punto, el Congreso no es el lugar para que el máximo ejecutivo de una empresa privada dé explicaciones de nada. Las excusas y las argumentaciones las debe proporcionar Conte en una Junta de Accionistas, máximo órgano al que le debe su cargo y remuneración. Ese es su sitio. Segundo punto, Iberia no es la culpable de la situación del Aeropuerto de Barajas ni del Ministerio de Fomento. Lo que está sucediendo en la primera aerolínea española es un problema entre la empresa y los sindicatos, con un rehén en medio: los pasajeros. Barajas no se paralizó el viernes por este tema, verdadero quid de la cuestión. La nevada sólo aumentó la crisis de Iberia con sus pilotos. Pero en Barajas también opera Air Europa, Spanair, Vueling…

El caso es que aquí siempre pagan los mismos: el viajero que ha reservado con antelación su billete y que tiene que aguantar las “huelgas de celo” de los comandantes de las aeronaves y las cortas entendederas de los negociadores de la compañía. Si los pilotos están realizando una huelga sin declararla es ilegal y lo que debería hacer Iberia es preocuparse de los miles de viajeros perjudicados y reclamar judicialmente la investigación de los hechos. Así, a quienes debe dar explicaciones Fernando Conte es a los que ponen el dinero para que Iberia siga funcionando: los accionistas y los viajeros. Lo demás es un capote que el grupo socialista del Congreso echa a Magdalena Álvarez para que camufle su incompetencia. Ella es quien debe dar explicaciones.

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Una agencia de seguridad aérea que llega con retraso

Por fin ve la luz la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) después de que hace ocho meses se crease este organismo a través de un Real Decreto. Desde ese momento hasta hoy han ocurrido algunos hechos que marcarán decisivamente el primer año de trabajo de la nueva agencia. Por un lado, el Gobierno no cumplió los plazos para poner en marcha la AESA, ya que Magdalena Álvarez, ministra de Fomento, prometió que estaría funcionando antes de junio. Por otra parte, el accidente del vuelo de Spanair en el Aeropuerto de Barajas (Madrid) el pasado 20 de agosto ha puesto de manifiesto las deficiencias en el sistema de inspección de vuelos comerciales.

Algunos ya hablan de precipitación en la creación de este organismo, ya que el Ministerio de Fomento sólo ha nombrado a su directora gerente, pero aún no ha sacado a concurso público las 336 plazas que, según el propuesto de Presupuestos para 2009, quiere cubrir Magdalena Álvarez en la AESA. Habrá que esperar un tiempo, pero tendrá que verse si los casi 55 millones de euros que tendrá de presupuesto esta agencia servirán para llevar a cabo su trabajo: más inspecciones en las aeronaves que operan en España y la defensa de los derechos de los viajeros. A ello habrá que sumar la confianza que la agencia tendrá que trasladar a los pasajeros sobre la seguridad de los aviones. De momento nadie acompaña a Isabel Maestre, directora general de la AESA, salvo un consejo rector que se ocupará más de velar por el cumplimiento de las funciones de la agencia que por el trabajo diario que realice la misma.

Tenemos la inspección que nos merecemos

Debemos coincidir con nuestros colegas del diario El Mundo en que la revisión de sólo el 0,13% de los vuelos de Spanair operados entre enero y junio de este año es preocupante. Porque parece improbable encontrar ninguna anormalidad en las aeronaves de una compañía que realiza más de 300 vuelos diarios con ese ratio de inspecciones. También es preocupante el hecho de que ante una situación de crisis en la misma línea aérea no se ejerciese una mayor presión inspectora, no para sorprender a la aerolínea en un renuncio, sino para garantizar la seguridad de los pasajeros.

Pero, a pesar de que todo ello nos preocupa, también llaman nuestra atención las palabras de Jose María Íscar, portavoz de Sepla, que ayer reconocía a Europa Press que “hay poca inspección y de poca calidad”. Si esto es verdad, y a la luz de los datos así lo parece, la pregunta que nos hacemos es: ¿desde cuándo se sabía? Y si estos hechos se conocen hace tiempo, ¿por qué no se han denunciado antes y se ha presionado a las autoridades para que se mejore? Sobre todo después del incidente de Air Madrid.

El Sepla es un sindicato poderoso que hace temblar a las aerolíneas cuando anuncia una huelga, pero no ha movido un solo dedo para denunciar estas situaciones con anterioridad. ¿Por qué no una huelga en defensa de la seguridad de los pasajeros? Nosotros somos la herramienta última gracias a la que los pilotos cobran. Sin pasajeros no existirían aerolíneas comerciales. Pero no, ha tenido que ocurrir el terrible siniestro de Barajas para que algunas voces denuncien claramente que la inspección no funciona. Entonces, ¿de qué nos quejamos? Que se tomen ya las medidas para solucionarlo. Y es que tenemos la inspección que nos merecemos.

Los portátiles no tienen presunción de inocencia en EEUU

La paranoia de las autoridades estadounidenses no tiene límite. El pasado viernes el diario The Whasington Post (también Vía Gatling) publicaba un artículo en el que explicaba que en virtud de una nueva normativa, las autoridades de inmigración de los aeropuertos norteamericanos pueden requisar cualquier aparato electrónico susceptible de almacenar contenidos. Es decir, que los “amables” señores que nos encontramos en las aduanas estadounidenses pueden requisarnos nuestro portátil, teléfono móvil, pendrive, tarjeta de memoria… para investigar cuál es su contenido, hacer copias del mismo, estudiarlo e incluso compartirlo con otras autoridades federales. Por si somos delincuentes o terroristas.

Si esto fuera poca intromisión, para que nos requisen el aparato no es necesario que estemos en una situación sospechosa. Lo pueden hacer a su libre arbitrio. Y, además, no lo tienen porqué devolver en el acto. Otra muesca más en la lista de derechos pisoteados por parte de las autoridades norteamericanas en pro de una supuesta seguridad.

Lo más impresionante del tema es que nadie ha protestado por estos abusos. Excepto, claro está, las muy activas asociaciones de derechos civiles estadounidenses y algunos grupos de viajeros, que al final lograron que estas políticas se publicasen, ya que llevaban activas desde el 16 e julio. Y es que a algunos se les puso “la mosca detrás de la oreja” cuando en diferentes sitios se denunció que los agentes de inmigración requisaban portátiles, móviles, etcétera.

Es una política interna de los Estados Unidos, pero que pisotea los derechos más fundamentales a la intimidad, el honor y a la no discriminación, ya que muchas requisas se realizarán por cuestiones étnicas… Como mínimo, la Unión Europea debería elevar una queja formal a las autoridades norteamericanas, aunque sirva de poco. En cualquier caso: avisados estamos.