Hay que aprovechar el turismo (y al turista) chino

China ya está ahí. Es un gigante de 1.343 millones de habitantes, de los que casi un tercio se pueden considerar clase media y, por lo tanto, con posibilidades de viajar fuera de sus fronteras. Para hacernos una idea, esta cifra potencial supone multiplicar por 10 la población de España o por dos la de los EEUU. Es decir, un mercado muy apetitoso para los destinos maduros, como España. Además, el crecimiento económico del gigante asiático, fundamentado en sus exportaciones del famoso made in China, es imparable: en 2011 su PIB (riqueza nacional) fue de 11,29 billones de dólares, según The World Factbook de la CIA. Eso sí, el crecimiento se ha ralentizado con un 9,2% de media anual.

Por ese motivo, no extraña que la empresa China International Travel Service, la mayor y más importante agencia de viajes del país, haya obtenido un beneficio de 108,83 millones de dólares en 2011 (83,35 millones de euros), un 67% más que en el ejercicio anterior. A medida que el país crezca y los movimientos de viajeros externos e internos aumenten, esta cifra se multiplicará. Y, probablemente, en pocos años nos encontraremos ante una de las mayores agencias mundiales en lo que a beneficios y movimiento de pasajeros se refiere. Los ingresos ya apuntan a eso: 12.690 millones de yuanes (1.451 millones de euros) en un año, un 32% más.

Ahora, lo que hay que pedir a los nuevos gobernantes chinos que saldrán del Congreso que se celebrará en los próximos meses es una mayor apertura económica y democrática en China, con el pleno respeto a los Derechos Humanos. Aunque el país asiático está haciendo sus deberes para sumarse al capitalismo (a pesar de mantener una política de ideario comunista), buena parte de la economía está regida por empresas estatales. La competencia privada es necesaria en un mercado que empieza a despertar, como el de los viajes.

Del lado de los destinos como España se hace necesario que nuestros responsables políticos faciliten, de una vez por todas, la llegada del turista chino. En muchas mentalidades aún está grabada a fuego la máxima de “ver quien la tiene más grande”, hablando en plata castellana. Es un error fijarse sólo en el número de turistas que llegan a España, en vez de en su calidad. Son preferibles más turistas chinos, con un nivel adquisitivo más alto y que permanecen en nuestro país mayor número de días, que visitantes más tradicionales que sólo buscan la fiesta y la borrachera. Aunque los números globales de turistas caigan.

Estos son los deberes para Isabel Borrego, secretaria de Estado de Turismo, y para José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo. Esta es la línea que apuntan grandes ciudades como Madrid en su plan estratégico de turismo hasta 2015. ¿Será esta la línea que mantenga en Plan Integral de Turismo que está elaborando su departamento y que tanto se está demorando? Esperamos que así sea, por el bien económico de España, de su turismo y de las empresas (con sus trabajadores) que aquí se baten el cobre.

Espejismo de cifras y ayudas

Los datos estadísticos de las últimas encuestas turísticas muestran una recuperación del sector en el mes de marzo. Aunque este hecho es positivo y esperamos que se mantenga en el tiempo, también somos realistas y sabemos que es un espejismo provocado por la celebración de la Semana Santa a finales de marzo y principios de abril. En línea con las previsiones de Exceltur, la ocupación ha aumentado en los alojamientos, líneas aéreas e incluso agencias. Pero este aumento habrá repercutido de forma muy débil en los ingresos finales y, por ende, en los beneficios. Los precios siguen por los suelos y los costes no se pueden ajustar más.

Sin duda, los datos de abril para el sector turístico también serán buenos, aunque todavía hay que ver el impacto que la crisis de la nube volcánica habrá tenido sobre el sector. Desde el Gobierno se calcula que cerca de 500.000 turistas no pudieron llegar a España por el cierre de los aeropuertos europeos. No parece una pérdida inasumible, teniendo en cuenta que el año pasado llegaron a nuestro país 4,5 millones de turistas en abril y que los tres primeros días del mes han sido fiesta gracias a la Semana Santa. Más inasumible es que las empresas turísticas hayan dejado de ingresar 252 millones de euros por este hecho.

A pesar de todo esto, creemos que hasta junio no se verá realmente si se produce una recuperación en el sector o no. Esperamos equivocarnos y, si lo hacemos, lo reconoceremos en este mismo portal. De hecho, deseamos equivocarnos. Pero donde se la jugará realmente el turismo español es en los meses de verano, amén de que los esfuerzos por desestacionalizar la demanda todavía son imperceptibles en las estadísticas.

En cualquier caso, el turismo, a pesar de suponer un 10% del PIB español (es decir, más de 100.000 millones de euros) preocupa poco al Gobierno. A nivel europeo se darán ayudas económicas a las aerolíneas para paliar las pérdidas ocasionadas por la crisis de la ceniza volcánica. Nada se ha oído de un comportamiento similar de cara al turismo europeo. Absolutamente nada. Y ese silencio sólo es prueba de la poca prioridad que representa para los gobiernos del euro una actividad que genera tanta riqueza y empleo. Lamentable.

Empezamos a vender todos nuestros atractivos

España se prepara para mostrar lo poliédrico de su oferta turística. Desde el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio se han esforzado por seguir las premisas del Plan Horizonte 2020 en cuanto a promoción. La industria turística será uno de los motores que saquen a nuestro país de la crisis y para ello es necesario buscar nuevos clientes en otros mercados.

¿Seguimos queriendo que nos visiten británicos y alemanes? Sí, aunque la crisis ha acelerado algo que ya se estaba notando desde principios de este siglo: nuestra falta de competitividad frente a otros destinos. Lo barato y soleado que resultaba España para nuestros vecinos teutones y británicos está perdiendo puestos frente a otras ofertas como Turquía o Egipto, por ejemplo. Eso acabará desplazando a muchos de estos turistas que sólo miran el precio hacia nuestros competidores, lo que nos obligará a centrarnos en turistas que busquen un valor añadido.

Por eso es muy interesante que desde el Ministerio se haya optado por una campaña en la que se resaltan otras opciones de España, como la gastronomía, el turismo de interior, la cultura, la noche, el golf. Y que se busquen clientes en mercados como China, India o Iberoamérica, donde se están desarrollando sociedades pujantes económicamente. Al final España debe vender experiencias. ¿Algo intangible? No, significa ir más allá del precio para que el viajero se vaya con un trocito de España en su interior.

Habrá que ver cómo funciona, pero es un paso en el buen camino. Ahora queda otra etapa más importante si cabe: la adecuación de la oferta a lo que realmente se vende. ¿Está el turismo de interior preparado para recibir al visitante extranjero? En este caso, el sector privado es el principal responsable, aunque necesitará que desde las instituciones públicas se le eche un cable.

En 2009 el número de turistas que nos visitaron descendió un 8%, por encima de la estimación más pesimista. Aunque aún es pronto para hablar de recuperación, los primeros indicadores del año indican un cambio de tendencia, que, en todo caso, será lenta, por nuestra dependencia de mercados tan afectados por la crisis como Reino Unido y Alemania. Sin embargo, según los datos del Instituto de Estudios Turísticos, las visitas de belgas, franceses, italianos, suizos, estadounidenses e iberoamericanos han aumentado en enero.

Una de cal y otra de arena para el turismo patrio

Esta semana ha pasado desapercibida en la mayoría de los medios la noticia de que el número de turistas extranjeros que nos visitaron en enero ha aumentado un 1,1% con respecto al mismo mes de 2009. Desde un punto de vista objetivo hay que reconocer que no era difícil conseguir un mayor número de visitantes que el año pasado, ya que 2009 fue el peor de los últimos cinco ejercicios. Sin embargo, la cifra puede suponer un punto de inflexión en el maltrecho estado del turismo para los próximos meses. La prueba de fuego estará en la Semana Santa.

Canarias es la ganadora, con un crecimiento del 1,6%. Tras meses de caídas, el archipiélago ha empezado a recuperarse, lo que también indica que el mercado británico (el principal de la región) puede estar iniciando la mejoría. Esto también sería bueno para otros destinos de playa. No obstante, debemos señalar que las autoridades, desde el Gobierno a las CCAA, pasando por las empresas privadas, no deberían dormirse en los laureles. Sigue siendo necesario diversificar la oferta española y desestacionalizarla para generar más y mejor negocio. Y también es imperioso ganar en competitividad.

Por otro lado, la cruz de esta moneda hay que buscarla en las pernoctaciones hoteleras. España es el primer país de la Unión Europea en el que más noches de hotel se pasan. Pero también es verdad que éstas han descendido por encima de la media europea en el último año, consecuencia de la excesiva dependencia de nuestro turismo de los visitantes extranjeros. Otros estados como Alemania o Gran Bretaña han tenido caídas muy inferiores porque su negocio turístico es movido mayoritariamente por el mercado interno. Y, por su lado, los hoteles se han visto obligados a bajar sus precios, por lo que, aún siendo el país con mayor número de pernoctaciones, la rentabilidad también ha decaído.

No estamos diciendo que haya que centrarse sólo en el cliente nacional, sino que hay que potenciar más el producto que se ofrece al mismo y buscar nuevos mercados internacionales en países con mayor recorrido que los tradicionales europeos. Pero para eso hay que vender algo distinto.

Menos IVA en turismo no es un capricho

Está claro que el turismo no interesa a nuestros políticos y así nos va. El Senado ha rechazado por segunda vez la propuesta del grupo Popular para rebajar el IVA de las actividades turísticas al 4%. El grupo Socialista, PNV y Entesa del Progres han votado en contra alegando que España está en la zona más baja de presión fiscal indirecta de Europa.

Lo que parecen obviar estos senadores (y sus respectivos grupos políticos, que a fin de cuentas son los que deciden en este simulacro de democracia parlamentaria) es que España también se encuentra en los niveles más bajos de competitividad turística desde hace ya unos años. Por eso, la subida que se producirá en el IVA desde junio (pasará del 7% al (% en restauración y transportes, y del 16% al 18% para las agencias de viajes) sólo es un lastre más para la industria turística, que aporta el 10% del PIB nacional (algo más de 100.000 millones de euros).

Uno de nuestros principales mercados emisores de turistas es el británico. Con un euro fuerte y unos impuestos indirectos más altos será difícil que los británicos (cuya moneda es la libra) se sientan atraídos por la oferta española. En cuanto a la demanda nacional, de la que va a tener que vivir nuestro turismo al menos este año que queda por delante, se verá penalizada al tener que soportar un gravamen mayor en sus viajes.

Y, cuando se trata de hablar con el bolsillo, el tema no es una tontería. Un viaje de 800 euros brutos comprado hoy en un agencia tendría un 16% de IVA de 128 euros, con lo que en total le costaría al turista 928 euros. A partir de junio el impuesto será del 18%, con lo que el precio total alcanzará los 944 euros. Ahora bien, si este impuesto fuese del 4%, el precio total a pagar sería de 832 euros.

Tomamos como ejemplo el de las agencias de viaje porque, según los datos de la Agencia Tributaria, en 2008 se recaudaron 146,56 millones de euros por IVA declarado en esta actividad. Una “minucia” si se compara con los 240.387 millones de euros declarados por ventas comerciales. Es decir, el fisco se puede permitir el lujo de renunciar a una parte de estos ingresos para conseguir una mayor afluencia turística y una recuperación de este mercado.

El crecimiento de la economía británica pilla desprevenido al turismo español

La resurrección del PIB británico en el último trimestre del año (un 0,1%) es una buena noticia, pero hay que valorarla con matices. Es cierto que Gran Bretaña supone el 25% de nuestra demanda, pero también es verdad que en el Mediterráneo hay otros destinos más competitivos que España y más apetecibles para nuestro principal mercado.

En el último año la afluencia de visitantes británicos a estados como Egipto, Turquía o Chipre no ha dejado de crecer. El motivo es que estos países ofrecen una oferta de sol y playa más asequible que la española. Y es que España cuenta con el Euro como moneda oficial, mucho más fuerte que la Libra británica, lo que hace que muchos nacionales de este país decidan recurrir a otros destinos mediterráneos donde su cambio es más favorable. A esto se suma que el Gobierno de Gordon Brown acometió una devaluación de su moneda para frenar el incremento del paro, medida que no se puede adoptar en España.

Llevando todo esto al terreno de la práctica, el cálculo (donde siempre interviene el bolsillo) es muy sencillo. A día de hoy un británico que venga a España recibirá 1,15 euros por cada libra. Es decir, que si en su bolsillo trae 1.500 libras, en España tendrá para gastar 1.727 euros. Sin embargo, con la misma cantidad de libras, en Turquía le darán 3.626 liras turcas (y con precios más bajos). La diferencia es clara, ¿verdad? Y en Egipto, este británico recibirá 13.272 libras egipcias. En Marruecos, otro de nuestros competidores, el turista de Reino Unido tendrá en su bolsillo 19.482 Dirhams marroquíes.

¿Cuál es la solución? Una repuesta difícil y que no pasa por la bajada de precios que se ha vivido en el último año, con la que se han reducido los ingresos y que ha dejado a la mayoría de firmas turísticas en números rojos. En Exceltur, junto con otros expertos, aseguran que el camino es ofrecer algo más que el “sol y playa” tradicional en el que se basa buena parte de la oferta española. Hay que intentar que el viajero foráneo perciba que está pagando por una experiencia única y distinta que no va a conseguir en otros países de nuestro entorno, a pesar de que tengan cambios más favorables y precios más reducidos. Y esto no se hace de la noche a la mañana en un sector muy afectado por la crisis.

¿Qué se puede esperar de un Consejo de Ministros sobre turismo?

En primer lugar, nos parece muy adecuada la celebración de este Consejo de Ministros para tratar los problemas y las posibles soluciones de un sector que aporta el 10% de la riqueza nacional. Sin embargo, la iniciativa gubernamental llega tarde (como casi todas). Los problemas del turismo, como los de la economía general, ya se notaban a finales del año pasado y las constantes vitales del sector se han ido debilitando en el primer semestre del año. Ha hecho falta una reunión con algunos empresarios turísticos y las reclamaciones de Exceltur para que el Ejecutivo se diese por enterado.

Ahora bien, ¿qué puede hacer el Gobierno? Lo más probable es que de este cónclave ministerial surja un reparto de millones para acallar algunos llantos. Pero lo que hace falta son medidas a largo plazo para darle una vuelta al modelo turístico que tenemos. Las recomendaciones de Exceltur sobre este tema deberían ser tenidas en cuenta: reformulación del Plan Horizonte 2020 a la vista de la situación económica, cooperación de las Comunidades Autónomas, ya que todas tienen delegadas competencias sobre turismo, e inclusión del turismo en la nueva ley de economía sostenible, de forma general.

A todo ello, claro, se deben sumar rebajas de impuestos para garantizar mayor liquidez, líneas de crédito que aseguren la tesorería de las empresas solventes e incluso reducciones en las cotizaciones sociales. Se da casi por seguro que en este Consejo de Ministros verá la luz una ayuda para el sector aeronáutico e incluso que se ampliará el plazo para pagar las cotizaciones de sus empleados (medida que no se aplica a todas las empresas turísticas) y que se termina en agosto. Serán, casi todas ellas, iniciativas puntuales, parches que vendrán a tapar algunas de las grietas que ha abierto esta crisis, pero sin recorrido a largo plazo.

El Gobierno debe enfrentarse a otros problemas: ¿cómo va a evolucionar el modelo turístico español, tan estacional y dependiente de británicos y alemanes? ¿Qué sucede con los destinos españoles que ya están desgastados? ¿Y con los que apuntan maneras para erigirse como un turismo alternativo? El transporte de viajeros no sólo es el aéreo, ¿qué hay de las empresas de alquiler de coches o de los autobuses? ¿Debe el turismo español depender únicamente de las islas? ¿Qué medidas se van a tomar para que el sector esté bien posicionado al final de la crisis?

Claro, que no toda la culpa es del Ejecutivo. Las empresas turísticas tienen una gran parte de responsabilidad al querer aferrarse a sus modelos de negocios tradicionales, muchos de ellos en la cuerda floja con la actual crisis. Quizá nos equivoquemos (eso esperamos y lo reconoceremos) y haya “fumata blanca” que nos permita vislumbrar un horizonte de cambio. Lo que está claro es que el turismo patrio ya está sufriendo y aguantando, que los parches aquí y allí no van a solucionar nada y que hay que mirar al futuro.

Ni rastro de “brotes verdes” en el turismo

Desde el Gobierno explican que se ha tocado fondo en el deterioro económico del país. Nos van a permitir que lo dudemos a la luz de los últimos datos del sector turístico. Cada día, nuestro país deja de ingresar 8 millones de euros por el gasto de los cada vez más menguantes turistas extranjeros que nos visitan en relación al año pasado. A ello se suma que regiones como la Comunidad Valenciana han visto como el gasto de sus turistas se reducía más de un 30% y otras, como los archipiélagos, perdían algo más de un 10% del dinero que desembolsaban sus visitantes hace un año. Todo esto en los cuatro primeros meses de 2009. Y ahora queda por ver cómo se da la temporada estival.

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, se ha reunido, por fin (y muy tarde), con el sector turístico para oír sus reclamaciones. A los empresarios del turismo les ha prometido un Consejo de Ministros monográfico sobre el tema, aunque no se sabe cuándo (estamos en campaña electoral). También afirmó que hoy se aprobarían los 600 millones del Plan Renove que ya llevan tres meses de retraso. Esta no es una mala medida, pero no deja de ser un parche que no soluciona el principal problema del turismo: falta de liquidez para las empresas y las familias, que no se atreven a gastar. Además, y como revelamos hoy, estos créditos blandos son absorbidos en su mayor parte por las actividades hoteleras, llegando muy pocos recursos a agencias de viaje, por ejemplo.

Ante un negocio (el turismo) que en 2007 reportaba el 10,7% del PIB del Estado, el Gobierno sólo tiene tiritas en vez de crear un verdadero plan (como reclamó Exceltur) para afrontar una situación de crisis económica que no ha terminado y que durará, como mínimo, hasta final de año. Esperamos que el prometido Consejo de Ministros monográfico se celebre antes de que acabe junio y se tomen en consideración muchas de las medidas que el sector ha propuesto a Zapatero. Así crecerán más “brotes verdes”.

Nuestra responsabilidad con África

“África es rica en recursos y por eso su pueblo es pobre”. Quien se expresa con esta frase tan contundente es Dot Keet, investigadora del Instituto de la Transnacionalidad, y viene a decir que el continente negro no ha dejado de ser explotado desde su colonización europea por empresas y multinacionales occidentales, sin dar nada a cambio. Compañías de todo el mundo han llegado a África, han arramplado con sus recursos y su gente, y se han marchado sin invertir en infraestructuras, en educación, en el pueblo del que se han aprovechado.

Muchos os podréis preguntar qué pinta una entrada como esta en un portal sobre turismo. Pues todo, porque, cada año, cientos de personas deciden fijar sus vacaciones en África. Bien sea con un safari en Kenia, con una estancia en el Egipto de las pirámides o con una “aventura” en Uganda. Y es sangrante que el turista que decide pasar allí sus días de vacaciones, en la mayoría de los casos, no sepa nada de esta historia de vergüenza, que no sea consciente de que la situación en la que se encuentran muchos países africanos es culpa nuestra. Hoy se les llena la boca a los ejecutivos de las empresas sobre la “responsabilidad social corporativa”. ¿Dónde está? Hay bastantes empresas turísticas que cuentan con negocios en países subdesarrollados, ¿hacen algo? ¿Ayudan?

En esta ignorancia tenemos mucha responsabilidad los medios de comunicación, que, casi siempre, damos versiones sesgadas y simplistas, sin entrar a analizar las verdaderas causas y consecuencias de los conflictos que se producen en esta tierra. En una charla mantenida en el Foro de las Ciudades que se celebra en la ciudad madrileña de Fuenlabrada, Luis Pancorbo, corresponsal de RTVE en muchos países africanos, ha dejado claro que la esclavitud “ha sido lo que ha hecho a otros países ricos y no se ha devuelto nada a cambio a África”. Miguel Ángel Aguilar, otro reputado periodista, ha sido más crudo: “Europa o contagia prosperidades o exporta esclavitudes”. Todos los ponentes han coincidido en la necesidad de unos medios de comunicación que luchen contra los estereotipos que nos muestran de África: la pobreza, las guerras, las malaria… Gabriel Baglo, director en África de la Federación Internacional de Periodistas, ha señalado que en su continente también ocurren otras cosas buenas, a pesar de las realidades más negativas, y que las primeras también conforman África.

Para terminar, nos quedamos con el conjunto de aforismos que ha expuesto el nigeriano Ben Okri, escritor y premio Broker de Literatura, con los que ha “definido” África. “Los continentes son metáforas”, “África es una tierra de sueño, de espiritualismo”, “tenemos que redescubrir la verdadera África: la de los mitos, las leyendas, la generosidad, la hospitalidad, la compasión, el misticismo, la magia…”, “África lleva siglos esperando a ser descubierta con los ojos del amor”. Y la que ha dejado mudo a más de uno: “El primer encuentro de África con Europa fue el peor; no fue un encuentro, fue una apropiación”. Ahí queda.

Aprovechar la crisis para cambiar el turismo

Al Gobierno del PSOE se le podrá culpar de muchos de los males que recorren la economía española en la actualidad, pero también hay que reconocer el trabajo de algunos ministros, como Miguel Sebastián. El titular del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio no está escatimando recursos para el sector turístico. Uno de los planes que más éxito está teniendo, porque llega directamente a las empresas turísticas (agencias y hoteles, por ejemplo), es el Plan Renove de infraestructuras turísticas.

Sebastián ya ha desembolsado 1.000 millones de euros en tres meses para apoyar mediante préstamos con bajo tipo de interés la modernización de empresas relacionadas con el turismo. La ayuda no está mal, aunque nos surge la duda de qué pasará en los próximos nueve meses: ¿será posible mantener tal nivel de gasto? ¿Será necesario? El problema fundamental de todas las empresas es la liquidez, aunque líneas como el Plan Renove ayudarán a que las compañías de este sector puedan estar preparadas y modernizadas (si se sabe usar bien) para crecer cuando acabe la crisis.

Otras partidas destinadas al turismo son las de promoción de España en el exterior, que se realizará conjuntamente con las comunidades autónomas, y las de programas pilotos como el Plan Turismo Senior. En total, las dotaciones presupuestarias superan los 1.000 millones de euros, pero habrá que ver qué efecto tienen sobre el turismo, que inevitablemente se ve afectado por la mala situación económica (ahí están todos los indicadores). Quizá sirvan como amortiguadores de los efectos de una crisis para la que ningún sector estaba preparado, por muy sólido que fuese. En cualquier caso, este momento debe aprovecharse por el Gobierno para fomentar y estimular la transformación turística de España, como destino y como negocio. Por estos hechos se juzgará la etapa de Sebastián al frente del Ministerio.