¿Quién se queja de oportunidades?

Hay iniciativas que son curiosas y que pueden llegar a ser un éxito. Es el caso de la que ha puesto en marcha Pressplus Europe, una compañía compuesta por los principales diarios europeos (Frankfurter Allgemeine Zeitung, Süddeutsche Zeitung,The Guardian, International Herald Tribune, The Wall Street Journal Europe, El Mundo y El País), a los que se les ha ocurrido montar una web con enlaces directos a la aplicación de reservas de un conjunto de hoteles europeos. Con ello pretenden abaratar el coste de la reserva de la habitación para los clientes, ya que no cobran ninguna comisión ni al viajero ni al hotel que se anuncia.

Está claro que Internet es una revolución en la forma de comunicarse y también de comprar, aunque aún no haya sido explotado totalmente. Desde revista80dias.es, un medio completamente on line, apoyamos iniciativas de este tipo porque dan al internauta/lector/cliente más opciones para preparar sus viajes. Al mismo tiempo, desde esta publicación seguimos apoyando a las agencias de viajes. A las tradicionales y a las interactivas. Y esto es así porque pensamos que el papel de la agencia tradicional nunca va a morir, por lo que aporta de atención personalizada y en persona, que muchos clientes demandan. Justificar esta atención y este cuidado del cliente en el mundo Internet, donde todo tiende a ser gratuito, puede parecer una locura. Pero no lo es cuando surge algún problema y el cliente tiene una persona de referencia a la que dirigirse y ante la que reclamar.

Por la parte del viajero también nos alegramos, puesto que tiene opciones para elegir, desde la agencia de barrio, próxima y de confianza, hasta cualquier minorista de Internet. Y ahora, portales con enlaces directos a los hoteles donde puede alojarse. Sin duda, cada vez más el precio marca la diferencia, pero el cliente también tiene que discernir otras cuestiones: ¿quiere un precio bajo?, ¿quiere comodidad en la reserva?, ¿quiere consejo?, ¿desea otros servicios asociados? Estos son algunos de los interrogantes cuya respuesta nos conducirá por uno u otro camino.

Alitalia ante su futuro

Por David Fernández

La historia de Alitalia es la de una compañía deficitaria que no ha conseguido salir de los números rojos más que en dos ejercicios durante sus sesenta años de vida. Esto ha sido producto de dos puntos fundamentales: por un lado, una pésima gestión que le ha abocado a perder a día de hoy casi un millón de euros diarios; por otra parte, el hecho de que el Estado siga manteniendo casi un 50% de las acciones de la firma. Los dos motivos, mezclados, han originado un compuesto venenoso que ha llevado a la firma de bandera italiana a su actual situación con unas pérdidas de 1.280 millones de euros y un futuro incierto a pesar de la oferta de compra en firme por parte de Air France-KLM.

Lo que está claro es que el Estado debe reducir su participación en la firma y dejar hueco a inversores privados. Su mantenimiento dentro del accionariado de la compañía sólo puede responder a la cuestión de salvaguardar el interés público. El problema es que en el país transalpino este interés se identifica con el patriotismo. Es lamentable que el gobierno de Romano Prodi en funciones no negociase la venta con Air France hasta que vio que ningún grupo italiano quería hacerse cargo de semejante mastodonte herido de muerte. Y ahora, por si fuera poco, aparece Silvio Berlusconi, al que todas las encuestas dan ganador en las próximas elecciones, para gritar que no dará luz verde a la compra si alcanza el Gobierno. O mucho nos equivocamos, o la decisión del líder populista puede servir de guillotina para acabar con una empresa que debe ser reflotada y convertirse en verdadera embajadora del estado italiano.

Por otro lado, el conflicto con los sindicatos no es menos grave. Air France quiere hacerse cargo de la aerolínea italiana empleando criterios de rentabilidad económica y para ello ve necesario el recorte de cerca de 1.600 puestos de trabajo. Aquí puede estar el quid de la cuestión: los sindicatos, más que oponerse al despido de estos trabajadores, deben pelear por las condiciones de este despido. La opción de echar a la gente a la calle no es la única y Air France bien podría adoptar un plan de jubilaciones, prejubilaciones e incluso recolocar a algunos de estos empleados en otros destinos del grupo. Pero, lo que deben de tener en cuenta los sindicatos de Alitalia es que un “no” frontal, sin negociación, no sólo acabará con el trabajo de 1.600 personas, sino de las 20.000 que emplea la firma.

Por último, Air One, la compañía italiana del empresario Carlo Toto, que realizó una oferta por la compra de la línea aérea, parece que no ha convencido excesivamente a Romano Prodi. Bien por la baja confianza en poder sacar adelante a la aerolínea o bien porque el plan que proponían se alargaba demasiado en el tiempo para recuperar a Alitalia del abismo. Se quiera o no, la fortaleza económica de Air France es la única que puede hacer de Alitalia lo que nunca ha sido: una compañía posible.

Falta de claridad en las salidas del aeropuerto de Barajas

Por Paloma Gil

Cuando ya creíamos que el aeropuerto de Barajas no podía darnos más sorpresas, construyeron la fantástica autopista M-12 que viene a proporcionar un acceso rápido y seguro a la famosa T-4. Como el Grupo OHL, concesionario de la misma, afirma: esta vía constituye una conexión inmejorable entre la zona norte de Madrid, es decir, la A-1, y la zona sur, la M-40. Además de disminuir el tiempo de viaje entre los recorridos Norte-Sur.

Particularmente no podría estar más de acuerdo. La famosa autopista, de peaje, disminuye enormemente el recorrido a la hora de salir del aeropuerto, porque, llegar al mismo sin utilizarla es sencillo, pero salir del aeródromo en cualquier dirección y conseguir no acabar en la famosa vía de peaje es todo un mérito. Y es que todas las señalizaciones son vagas a excepción de la que te dirige a la M-12.

En una ocasión pregunté si alguien sabía salir del aeropuerto sin tener que dar infinitas vueltas para conseguir sortear el dichoso peaje. Alguien me contestó muy seguro que sí, que los taxistas lo conseguían… Obviamente si ni siquiera los taxistas pudieran sortear la dichosa autopista, ya sería para denunciar a la empresa. Entonces, otra persona me sugirió que utilizara el GPS, pero la amable señorita que te da las órdenes desde el aparato está claro que se lleva comisión, porque no sabe más itinerarios que el que te obliga a pasar por el peaje y además, si te sales del camino que te marca, se pone histérica.

Así pues, uno llega de viaje, cansado, con la maleta a cuestas (en el mejor de los casos, ya que igual te la han perdido y encima llegas de mal humor), se sube al coche y trata de salir del aeropuerto evitando pasar por la fantástica autopista y la hazaña se convierte en un infierno. Es imposible: al final, después de dar miles de vueltas, acabas optando por “Madrid, todas direcciones” y terminas en la Avenida de América, en pleno atasco y dando gracias. Y lo cierto es que el precio es bastante ridículo, ya que te cobran entre un euro y medio y dos euros, dependiendo del transporte que lleves. Tarifa que a veces acabas pagando sólo por salir de allí deprisa. Pero lo mejor es que te advierten de que el coste es el mismo, independientemente del trayecto que hagas. Eso es genial, puesto que yo suelo utilizar unos dos kilómetros, hasta que consigo llegar a la carretera que me interesa… Me parece un abuso, aunque los nacionales algún día consigamos aprendernos la ruta secreta que te saca de la T-4 sin tener que pasar por ese infierno, que al final se convierte en algo personal, no quiero ni intentar ponerme en la piel de un turista, que, con estas magníficas señalizaciones puede acabar en Villaverde, con lo que la impresión que se puede llevar de Madrid ya no la salva nadie.

AUMENTO DE TARIFAS PERO NO DE CALIDAD

La anunciada subida de tarifas que sufrirán los billetes de Renfe desde los primeros días de enero de 2008 se suma a la de otros transportes masivos como el Metro de Madrid o los autobuses urbanos. Ese 4% subirá conforme a la inflación registrada en el último periodo del año que nos deja. Sin embargo, los usuarios tradicionales de estos transportes públicos percibimos como los precios aumentan, pero las condiciones del transporte no mejoran. ¿A qué se destinan estos incrementos? Las distintas compañías de transporte deben dejar claro cuál es el destino de este aumento. Dejarlo claro no sólo a través de palabras y planes, sino también con acciones específicas, mostrando claras mejoras en el transporte.

De cualquier otra manera, los usuarios estaremos obligados a creer que estos aumentos se dirigen a engordar las cuentas de resultados de estas empresas de transporte colectivo. Hace seis años, justo después del 11-S, Renfe decidió añadir al precio del billete una nueva tasa de seguridad. La compañía no ha acabado de aclarar ciertamente cuál es el destino de este porcentaje que se cobra del precio (se supone que se destinará al pago del personal de seguridad, entre otros menesteres). Si embargo, en sus páginas de Internet sí aclara la obligación que tiene de cubrir a los viajeros con un seguro de responsabilidad civil por los daños que les pueda ocasionar.

Por lo tanto, es necesario que Renfe, los metropolitanos de las distintas ciudades españolas y los servicios de autobuses detallen al máximo cuál es el destino de cada componente del precio del billete y cuál es la finalidad de subidas espectaculares en línea con el IPC cuando los salarios no contemplan este tipo de aumentos o el mismo se difiere en el tiempo. Y es que el usuario resulta penalizado doblemente: primero, por el aumento de las tarifas; y, segundo, por un servicio que en muchas ocasiones deja bastante que desear.

LÍQUIDOS ASESINOS

Ya hemos avisado desde esta web de que el terrorismo ha cambiado el turismo mundial. Nos ha obligado a adoptar unas precauciones que antes no teníamos. Y es que el miedo a que cualquier persona “normal” pueda ser “activada” y convertirse en un terrorista es enorme. Nadie se fía de nadie. Por eso resulta llamativo que la Eurocámara haya aprobado esta semana una resolución en la que insta a la Comisión Europea a que revise “urgentemente” el reglamento sobre prohibición de líquidos en los vuelos. Y llama la atención no sólo por la escisión que ha generado entre las dos instituciones europeas, sino porque nadie se haya dado cuenta hasta ahora de que el peligro no viene de unos líquidos, sino de las intenciones de unos asesinos.

La seguridad en los aviones no se ve incremententada con la prohibición de llevar más de un litro de todo tipo de sustancias, sino con el control policial adecuado, con la investigación y la colaboración de las policías europeas y del mundo. En una sociedad tan tecnificada en la que casi cualquier grupo terrorista puede hacerse, por ejemplo, con una bomba nuclear sucia, es harto improbable que las ansias asesinas de unos pocos se acaben en un tubo de 100 mililitros. Una bomba puede incorporarse en cualquier maleta o mochila -ahí tenemos los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid- y hacer explosión en un momento determinado mediante la activación de la alarma de un móvil, como lamentablemente ya hemos podido experimentar.

Es por ello que la actitud de la Eurocámara nos parece acertada. Millones de viajeros, todos los días, tienen que sufrir la irremediable molestia de verificar que sus líquidos no superan las cantidades permitidas. Además de tener casi que desnudarse para pasar a través de un arco metálico. El transporte se hace más incómodo y el servicio al viajero también. Desde REVISTA80DIAS.ES no defendemos que las autoridades rebajen la seguridad de los vuelos. Al contrario, pedimos que se intensifique aún más, pero con cabeza. Haciendo uso de la razón se pueden habilitar medios más eficaces para combatir el terrorismo, como la introducción de agentes encubiertos en los vuelos, un control riguroso en los aeropuertos de origen y una colaboración más eficaz de las Fuerzas de Seguridad.