Alitalia ante su futuro

Por David Fernández

La historia de Alitalia es la de una compañía deficitaria que no ha conseguido salir de los números rojos más que en dos ejercicios durante sus sesenta años de vida. Esto ha sido producto de dos puntos fundamentales: por un lado, una pésima gestión que le ha abocado a perder a día de hoy casi un millón de euros diarios; por otra parte, el hecho de que el Estado siga manteniendo casi un 50% de las acciones de la firma. Los dos motivos, mezclados, han originado un compuesto venenoso que ha llevado a la firma de bandera italiana a su actual situación con unas pérdidas de 1.280 millones de euros y un futuro incierto a pesar de la oferta de compra en firme por parte de Air France-KLM.

Lo que está claro es que el Estado debe reducir su participación en la firma y dejar hueco a inversores privados. Su mantenimiento dentro del accionariado de la compañía sólo puede responder a la cuestión de salvaguardar el interés público. El problema es que en el país transalpino este interés se identifica con el patriotismo. Es lamentable que el gobierno de Romano Prodi en funciones no negociase la venta con Air France hasta que vio que ningún grupo italiano quería hacerse cargo de semejante mastodonte herido de muerte. Y ahora, por si fuera poco, aparece Silvio Berlusconi, al que todas las encuestas dan ganador en las próximas elecciones, para gritar que no dará luz verde a la compra si alcanza el Gobierno. O mucho nos equivocamos, o la decisión del líder populista puede servir de guillotina para acabar con una empresa que debe ser reflotada y convertirse en verdadera embajadora del estado italiano.

Por otro lado, el conflicto con los sindicatos no es menos grave. Air France quiere hacerse cargo de la aerolínea italiana empleando criterios de rentabilidad económica y para ello ve necesario el recorte de cerca de 1.600 puestos de trabajo. Aquí puede estar el quid de la cuestión: los sindicatos, más que oponerse al despido de estos trabajadores, deben pelear por las condiciones de este despido. La opción de echar a la gente a la calle no es la única y Air France bien podría adoptar un plan de jubilaciones, prejubilaciones e incluso recolocar a algunos de estos empleados en otros destinos del grupo. Pero, lo que deben de tener en cuenta los sindicatos de Alitalia es que un “no” frontal, sin negociación, no sólo acabará con el trabajo de 1.600 personas, sino de las 20.000 que emplea la firma.

Por último, Air One, la compañía italiana del empresario Carlo Toto, que realizó una oferta por la compra de la línea aérea, parece que no ha convencido excesivamente a Romano Prodi. Bien por la baja confianza en poder sacar adelante a la aerolínea o bien porque el plan que proponían se alargaba demasiado en el tiempo para recuperar a Alitalia del abismo. Se quiera o no, la fortaleza económica de Air France es la única que puede hacer de Alitalia lo que nunca ha sido: una compañía posible.

LÍQUIDOS ASESINOS

Ya hemos avisado desde esta web de que el terrorismo ha cambiado el turismo mundial. Nos ha obligado a adoptar unas precauciones que antes no teníamos. Y es que el miedo a que cualquier persona “normal” pueda ser “activada” y convertirse en un terrorista es enorme. Nadie se fía de nadie. Por eso resulta llamativo que la Eurocámara haya aprobado esta semana una resolución en la que insta a la Comisión Europea a que revise “urgentemente” el reglamento sobre prohibición de líquidos en los vuelos. Y llama la atención no sólo por la escisión que ha generado entre las dos instituciones europeas, sino porque nadie se haya dado cuenta hasta ahora de que el peligro no viene de unos líquidos, sino de las intenciones de unos asesinos.

La seguridad en los aviones no se ve incremententada con la prohibición de llevar más de un litro de todo tipo de sustancias, sino con el control policial adecuado, con la investigación y la colaboración de las policías europeas y del mundo. En una sociedad tan tecnificada en la que casi cualquier grupo terrorista puede hacerse, por ejemplo, con una bomba nuclear sucia, es harto improbable que las ansias asesinas de unos pocos se acaben en un tubo de 100 mililitros. Una bomba puede incorporarse en cualquier maleta o mochila -ahí tenemos los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid- y hacer explosión en un momento determinado mediante la activación de la alarma de un móvil, como lamentablemente ya hemos podido experimentar.

Es por ello que la actitud de la Eurocámara nos parece acertada. Millones de viajeros, todos los días, tienen que sufrir la irremediable molestia de verificar que sus líquidos no superan las cantidades permitidas. Además de tener casi que desnudarse para pasar a través de un arco metálico. El transporte se hace más incómodo y el servicio al viajero también. Desde REVISTA80DIAS.ES no defendemos que las autoridades rebajen la seguridad de los vuelos. Al contrario, pedimos que se intensifique aún más, pero con cabeza. Haciendo uso de la razón se pueden habilitar medios más eficaces para combatir el terrorismo, como la introducción de agentes encubiertos en los vuelos, un control riguroso en los aeropuertos de origen y una colaboración más eficaz de las Fuerzas de Seguridad.

NUBARRONES EN EL VUELO DE LAS ‘LOW COST’

¿Qué está pasando con las low cost? Los últimos resultados de Vueling no son sino un eslabón más en la cadena de descensos paulatinos en los beneficios de las aerolíneas de bajo coste. Ryanair ya anunció en sus resultados del primer trimestre que no podría alcanzar los objetivos marcados, aunque entre los meses de abril y junio ha mejorado significativamente sus resultados. Ahora, Easyjet decide cobrar tres euros por cada maleta facturada. Sin duda las “aerolíneas de nueva generación”, como han dado en llamarse estas compañías, están haciendo ímprobos esfuerzos por conseguir formas alternativas de ingresos.

Para llegar a esta situación se han tenido que dar a la vez tres factores que han contribuido al descalabro. En primer lugar, la subida del precio del petróleo. Seguidamente, el aumento de los costes de las tarifas por operar en los aeropuertos. Y, por último, la reacción de las líneas aéreas tradicionales, que han bajado sus precios significativamente para muchos destinos, manteniendo su imagen de calidad. Estos tres puntos han sacado a la luz la clara dependencia de las low cost del precio del billete y por eso ahora se afanan en encontrar otras vías de ingresos que engorden sus cuentas económicas. Y es que, como señala Vueling en su memoria de resultados, el precio medio del ticket ha caído un 23,4% en el segundo trimestre del año. ¿Por qué esto no afecta tan claramente a las aerolíneas tradicionales? Por que su estructura económica es distinta: perciben ingresos por otros conceptos como transporte de mercancías o handling a terceros.

La consecuencia a medio plazo de estos hechos es que se producirá una concentración en el sector. Algunas de las aerolíneas existentes (en Europa son cerca de 150) serán adquiridas por las más poderosas y otras desaparecerán. A pesar de todo, desde esta publicación esperamos que el futuro para las líneas aéreas más jóvenes y novedosas no sea tan negro, fundamentalmente porque han ayudado a un descenso generalizado de los precios de los billetes, creando una competencia seria para el modelo tradicional, y democratizando más si cabe el hecho de viajar. En fin: han beneficiado al viajero y al turismo directamente.

PREOCUPANTE LEGISLACIÓN EN MATERIA DE DATOS SENSIBLES PARA VOLAR A EEUU

La tendencia de todos los estados, incluso de los más democráticos, de controlar a sus ciudadanos ha sido una constante en la historia. Razones como la seguridad han sido la pantalla perfecta en épocas de incertidumbre para crear legislaciones que no dudasen en penetrar en la más estricta intimidad de los ciudadanos. Es lo que ha sucedido con el reciente acuerdo al que han llegado la Unión Europea y los EE UU para compartir información de los pasajeros de vuelos europeos que aterricen en suelo estadounidense.

A falta de saber el alcance concreto del texto legal, que se hará público el 10 de julio, las primeras noticias son bastante desalentadoras. Que se proporcionen datos como el DNI, el nombre o el hecho de haber embarcado en el último momento no es excesivamente preocupante. Sin embargo, que se cedan informaciones como la orientación sexual, la raza o la religión es significativo de la paranoia que cubre a nuestros mandatarios. Éstos son datos confidenciales y personales que nadie debe estar obligado a proporcionar. Países como España prohíben constitucionalmente la cuestación e identificación de la persona a través de estos datos. Así que habrá que ver el encaje jurídico que tienen estos datos en nuestro país.

Pero, lo más preocupante es la locución “circunstancias muy especiales” que un alto funcionario de Bruselas ha expresado para referirse a los casos en los que podrán cederse estas informaciones. En ella puede entrar casi cualquier situación. Aún así, habrá que esperar a conocer la redacción jurídica definitiva del cuerpo legal. Aunque desde aquí llamamos la atención sobre la posibilidad de que el acuerdo pueda ser recurrido ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, como ya ocurrió con el convenio precedente, que tuvo que ser modificado dada su manifiesta ilegalidad. Esperemos pues, aunque el asunto no pinta claro.