Gigantes de cemento y agua en la costa chilena

¿No tiene fin?

¿Cansado de nadar 25 metros en la piscina de su hotel? Eso es proque no conoce el complejo hotelero de San Alfonso del Mar (Algarrobo, Chile). Cuenta con una piscina cuya longitud es de 1.000 metros (un kilómetro), como se puede ver en la imagen. Dicen que es la más grande del mundo. Probablemente también sea uno de los mayores despilfarros y atentados contra el medio ambiente.

Algunos datos sobre este lago artificial: equivale a 20 piscinas olímpicas, necesita 250 millones de litros de agua para llenarse y cuenta con una profundidad de 35 metros. La misma está operativa desde 2006, tras cinco años de construcción y una inversión de 1.200 millones de euros. El coste de su mantenimiento: 2,5 millones anuales.

Es el ejemplo perfecto de construcción faraónica que no duda en arruinar una playa y en generar unos costes ecológicos enormes. Ahora se ha puesto de moda en el sector turístico la sostenibilidad, la eficiencia en la energía y el ahorro. Sin duda por efecto de la crisis, ya que los gatos energéticos y de suministros son claves en las cuentas de resultados de las empresas. Aunque sólo sea por eso, bienvenido es.

Creemos en un turismo que respete el medio ambiente, desde el punto de vista del valor ecológico de los parajes en que se levanten las construcciones (véanse el reciente caso de Tarifa o el Algarrobico) como desde la visión del paisaje. La “piscina” de San Alfonso del Mar es una obra de ingeniería impresionante, sin duda, y eso es loable. Pero guarda poco respeto con el econsistema de un país con tanto potencial como Chile. El agua para llenarla se obtiene del océano y atraviesa unos procesos para tratarla. ¿Tienen sentido este tipo de construcciones? ¿Aportan valor para el turista o lo restan?

La Consejería de Turismo de Madrid, víctima de la crisis

La crisis se está llevando por delante muchas cosas y entre ellas la Consejería de Turismo de la Comunidad de Madrid. Al frente de la misma Santiago Fisas ha hecho un buen trabajo, consiguiendo elevar la cifra de turistas extranjeros que llegaban a la región en los últimos meses de 2008. Uno de los postreros proyectos de esta consejería era el posicionamiento de Madrid como ciudad de negocios y compras.

Ahora las competencias de Turismo serán asumidas por el vicepresidente Ignacio González. Nos parece un mal destino para los temas turísticos, tan relacionados con la economía, y que bien podrían encajar en la Consejería de Economía y Hacienda, desempeñada por Antonio Beteta. No en vano, en todo 2008 los turistas extranjeros se dejaron en Madrid 4.831 millones de euros, un 2,1% más que en el ejercicio precedente. Madrid es la quinta comunidad por ingresos turísticos foráneos de toda España. Por su lado, los turistas que llegaron a la región en el mismo año fueron 4,64 millones, un 4,9% más.

Y es que pensamos que la desaparición de la Consejería de Cultura y Turismo, como tal, es un error de Aguirre. La actividad turística en una comunidad como Madrid, que cuenta con el primer aeropuerto del Estado y con la sede de las principales empresas nacionales y multinacionales, debe contar con un órgano autónomo especializado en políticas turísticas. Los últimos resultados del turismo regional avalan esta opinión. Sin una consejería en toda regla no se podrían haber conseguido, ya que estas políticas se habrían difuminado en las exigencias generales de otros departamentos.

Salvando las distancias, este caso es comparable a la inexistencia de una Secretaría de Estado de Turismo dentro del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio hasta que llegó Miguel Sebastián al mismo. Tras su creación, los convenios, iniciativas y la interlocución con el sector han abundado y han reportado buenos frutos en la mayoría de los casos.