‘Start up nation’: del Israel agrario al de la innovación tecnológica

Israel pasó de exportar naranjas y contar con una economía de subsistencia a ser una potencia mundial en desarrollo tecnológico e innovación. ¿Se puede exportar el modelo a otros países?

Bandera de Israel con la Estrella de David | Foto: Buecherwurm para Pixabay
Bandera de Israel con la Estrella de David | Foto: Buecherwurm para Pixabay

El sempiterno conflicto entre israelíes y palestinos. Es el argumento de las constantes noticias que nos llegan desde el otro extremo de la región mediterránea. Sin embargo, Israel ha logrado levantar, en condiciones tan duras, un sistema de innovación que es la envidia en la mayoría de países europeos, entre ellos España, y que aporta el 12% de la riqueza económica de este país mediterráneo. ¿Cómo lo ha logrado?

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No es oro chino todo lo que reluce

Puerta de la Paz Celeste en la Plaza de Tiananmen (Pekín) | Foto de Pablo Sánchez en Flickr

Todos se quieren acercar a China. Los miles de millones de potenciales consumidores del gigante asiático representan un bocado apetitoso para cualquier tipo de empresa, también para las turísticas. La revista Savia, editada por el proveedor de servicios tecnológicos Amadeus, explica en su artículo “China conquista la industria del turismo” (número de octubre) que en 2011 fueron 70 millones de chinos los que se decidieron a salir de su país, 13 millones más que el año anterior. Para poner la cifra en perspectiva hay que pensar que España, tercer destino turístico del mundo, ha recibido en los últimos diez años una media de 50 millones de turistas.

El número de turistas chinos que salen al extranjero puede ser todavía moderado. Pero su gasto no: en 2011 se dejaron 69.000 millones de dólares en los países que visitaron (52.938 millones de euros), un 25% más que en el ejercicio precedente. ¿Es mucho? Se puede juzgar la cifra a la luz del nivel de ingresos turísicos que recolectó España el año pasado: 43.026 millones de euros, según los datos del Banco de España. Y para este año las previsiones hablan de 78 millones de viajeros chinos que realizarán un gasto de 80.000 millones de dólares. La Organización Mundial del Turismo prevé que en 2015 el número de chinos que viajen fuera del país llegue a los 100 millones.

Estudiando los grandes datos se entiende porqué las empresas y los destinos están preparándose para atender a este tipo de turista que suele hacer desplazamientos largos (de más de una semana de duración) y cuyo gasto medio por viaje alcanza los 1.300 euros. Sólo les superan en gasto los alemanes, estadounidenses y británicos. China es un país con una población que supera los 1.000 millones de habitantes, aunque las desigualdades aún son muy patentes. Sin embargo, desde hace años, y al calor del crecimiento económico y las mejoras de las condiciones de vida, se está formando una clase media que se cifra en 200 millones de personas y que son las que están viajando al exterior. Por ello, el mercado potencial puede llegar a los 260.000 millones de euros.

Ahora bien, no hay que dejarse engañar. China no es una democracia y, aunque su Gobierno no impone excesivas restricciones a sus nacionales para viajar, los destinos deben tener cuidado. Que un país, una región o una ciudad base su turismo sólo en atraer chinos por su elevado nivel de gasto puede ser un peligro. Por ejemplo, Filipinas estaba viviendo una luna de miel con estos turistas cuando decidió reactivar una vieja reclamación histórica que mantiene con el gigante rojo sobre la soberanía de unos islotes disputados. Acto seguido, el Gobierno chino exigió la cancelación de los viajes organizados a Filipinas. Algunos destinos de playa perdieron, de un plumazo, 200.000 visitantes y sus correspondientes ingresos.

Números políticos

Desde Revista80dias anunciamos que en el mes de enero de 2013 dejaremos de publicar los datos de la encuesta Egatur elaborada por el Instituto de Estudios Turísticos (IET), que depende del Ministerio de Insdustria, Energía y Turismo. Este estudio mide el gasto que realizan los turistas que vienen a España, pero no los ingresos que repercuten en nuestra económica, que es el verdadero indicador que da una idea de la marcha del turismo extranjero en nuestro país.
En Egatur se incluyen gastos que no se realizan en España, sino en los países de origen de los turistas, por lo que se aporta una percepción equivocada del impacto económico en España. En la propia nota metodológica que explica los datos que se recogen se especifica que “el gasto turístico comprende los gastos realizados por los visitantes o por cuenta de los visitantes, durante su viaje a España así como los gastos previos al mismo (como puede ser el billete de avión, o la compra del paquete turístico)”. Está claro que muchos de ellos no se quedan en la economía española. El hecho de que publiquemos los datos de Egatur hasta diciembre de 2012 viene motivado por la necesidad de dejar cerrado, desde el punto de vista informativo, toda la serie estadística de 2012.
Por contra, las cifras que publicaremos mensualmente desde enero de 2013 será la de balanza de pagos del Banco de España (BdE), organismo obligado a contabilizar la entrada de ingresos externos en España. En el estudio de BdE sí se incluye una estimación de los ingresos efectivos que el turismo extranjero aporta a la economía española, así como los pagos que los españoles realizan en sus salidas de España. Es un índice más fiable, aunque su principal pega es el retraso con el que se publica, a dos meses vista de los datos estudiados.
El IET y el Instituto Nacional de Estadística (INE) han anunciado un reciente acuerdo por el que el segundo organismo se hará cargo de las estadísticas turísticas. Esperamos que la profesionalidad de este centro público sirva para poner orden y crear un modelo más exacto y fiable, dejando atrás estudios que sólo han servido para que los diferentes cargos políticos del Ministerio hayan sacado pecho de números que no se acercan a la realidad. ¿Cómo se explica si no que entre el volumen de ingresos registrado por el BdE en julio y el gasto turístico de Egatur del mismo mes haya una diferencia de 1.908 millones de euros? ¿Qué justificación tiene que en los siete primeros meses del año la diferencia acumulada sea de 7.282 millones de euros?

El ministro y sus mosquitos

Cuidado con lo que dice, ministro

Los políticos se descalifican solos. La última ocurrencia de José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo, ha sido la de recomendar que los españoles realicen turismo “siempre” en España. “Cuando nos visitan 57 millones de turistas cada año, no pueden estar equivocados. A lo mejor los equivocados somos nosotros, que en vez de muchas veces quedarnos a hacer turismo dentro de España nos vamos a lugares recónditos del mundo”, ha declarado Soria hace unos días. Y se ha quedado tan pancho. Por si era poco ha agregado que muchos españoles salen del país en busca de sol y playa y se encuentran con “mosquitos, temperaturas que sobrepasan los 35 y 40 grados y una temperatura del mar que no es la que se puede encontrar en España”.

Las declaraciones no estarían mal si España fuese un país autártico (algunos quieren volver a la economía posterior a la Guerra Civil, de subsistencia). Pero se da el caso de que en nuestro país, además de las agencias que organizan viajes dentro de España, hay otras, denominadas emisoras, que preparan salidas a destinos extranjeros. Para el ministro Soria estos negocios deben de ser facturadores de mosquitos y altas temperaturas. Además, no deben de tener derecho a la vida, claro. Mayoristas como Catai o Kuoni, especializados en los grandes viajes (a destinos con millones de mosquitos, Soria dixit), estarán contentos.

En 2011, los residentes en España realizaron 13,1 millones de viajes al extranjero, un crecimiento del 6,1% con respecto al año anterior, según los datos del informe Balantur elaborado por el Instituto de Estudios Turísticos (IET). Incluso con la crisis, los viajes al extranjero aumentan. Lo cual da un clave de la inteligencia de los españoles, que se deciden a conocer otras culturas, mezclarse y aprender del “otro”, como decía Ryszard Kapuscinski. Y ello a pesar de los mosquitos.

Quizá la intención del ministro no fuese mala. España atraviesa una crisis muy dura y el negocio que se genere en el país aumentará la riqueza y las probabilidades de crear empleo. Pero las agencias emisoras también mantienen puestos de trabajo que dependen del interés de los españoles por viajar fuera. No se puede disparar contra ellas para beneficiar otros sectores.

Sí, las intenciones de Soria debían ser buenas. El ministro tampoco ha tenido empacho en señalar que “muchas veces nos fijamos solo en el turismo de sol y playa, pero las comunidades autónomas que no tienen mar disponen de una oferta turística maravillosa, con unos precios y una gastronomía extraordinaria”. Un aplauso para el responsable de Turismo, que ha descubierto la rica oferta de interior. A ver si este descubrimiento se nota en un plan integral que permita dar a conocer (como hace el ministerio que dirige Soria con el sol y playa) todos los encantos de esas comunidades que no tienen costa. Un plan serio, riguroso, con objetivos, que incluya a todos y pivote en bases como el turismo rural. Menos palabras y más hechos: a finales de agosto se cumplen ocho meses desde que Soria se sentó en el sillón de ministro de turismo y de un plan para el interior no se ha oído nada.

Subida de tasas: este verano, viajar será más caro

La estrategia del Gobierno de Mariano Rajoy (PP) es clara: devaluar el poder adquisitivo de los españoles con subidas en los precios públicos. Ha pasado con el transporte terrestre (tren y autobús) y ahora con el avión, gracias a la subida de las tasas aeroportuarias. Pero también se extiende a otros ámbitos: medicamentos, tasas de las comunidades autónomas, luz y gas… La lista es interminable. Sí, el Gobierno está contribuyendo a empobrecer el país. Se supone que con la idea de hacer más competitiva España de cara al exterior. A nuestro juicio, un claro error si se hace de forma indiscriminada, como está sucediendo. Lo siguiente: subida del IVA.

Las actividades del sector turístico (hotelería, restauración, transporte y agencias de viajes) son de las pocas que todavía funcionan en la economía española. Bien es cierto que gracias al turista internacional, ya que el español medio no gasta por el miedo al despido y porque percibe que día tras día sus gastos aumentan. Pero, con todo, se siguen generando ingresos turísticos que benefician a nuestro país. Lo que no puede hacer un Gobierno inteligente es matar esta “gallina de los huevos de oro” con subidas de precios.

En el caso de las tasas aéreas, el único culpable es el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy. Es fácil situarse en la posición del consumidor y exigir a las aerolíneas que asuman el coste del incremento (en su caso, Iberia lo cifra en más de 100 millones de euros), pero la realidad es que el negocio aéreo ha visto como se estrechaban sus márgenes en los últimos años. El precio del petróleo y la caída de la demanda han llevado a muchas aerolíneas a cerrar. Hacer que ahora asuman, de golpe, un gasto que para todo el sector podría llegar a los 709 millones de euros (resultado que sale de multiplicar los 70,9 millones de pasajeros que se han movido en los aeropuertos españoles hasta mayor por la subida media de 10 €) podría ser más contraproducente.

Y tampoco es solución que el cliente pague y pague y pague ad infinitum. La única salida posible es que las tasas aeroportuarias no se suban. Así de sencillo. Pero ha podido más el afán recaudador del Gobierno. No se sabe por qué, la enmienda que CiU y PP presentaron en el Senado para que la subida de tasas se cobrase desde el 1 de julio no ha sido aprobada en el Congreso. Ese “templo de la palabra” donde los representantes de la soberanía nacional oyen de todo menos las peticiones de quienes les eligieron.

Como en todo lo que nos está pasando a los españoles, en el caso de las tasas aeroportuarias estamos pagando los pecados y errores de otros. Los pagamos todos los españoles, claro, porque de quienes los provocaron e incitaron a ello no hay noticia. En los años de crecimiento, la deuda de AENA llegó a los 12.000 millones de euros. Eran los tiempos en que al político de turno se le ocurría construir un aeropuerto en mitad de la nada. O se le encendía la bombilla para reformar un aeropuerto sin apenas tráfico (como el de León). Y todo esto hay que pagarlo ahora. Lo vamos a pagar tú y yo, querido lector, pero no el malnacido que decidió endeudarnos de esta manera.