Ni rastro de “brotes verdes” en el turismo

Desde el Gobierno explican que se ha tocado fondo en el deterioro económico del país. Nos van a permitir que lo dudemos a la luz de los últimos datos del sector turístico. Cada día, nuestro país deja de ingresar 8 millones de euros por el gasto de los cada vez más menguantes turistas extranjeros que nos visitan en relación al año pasado. A ello se suma que regiones como la Comunidad Valenciana han visto como el gasto de sus turistas se reducía más de un 30% y otras, como los archipiélagos, perdían algo más de un 10% del dinero que desembolsaban sus visitantes hace un año. Todo esto en los cuatro primeros meses de 2009. Y ahora queda por ver cómo se da la temporada estival.

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, se ha reunido, por fin (y muy tarde), con el sector turístico para oír sus reclamaciones. A los empresarios del turismo les ha prometido un Consejo de Ministros monográfico sobre el tema, aunque no se sabe cuándo (estamos en campaña electoral). También afirmó que hoy se aprobarían los 600 millones del Plan Renove que ya llevan tres meses de retraso. Esta no es una mala medida, pero no deja de ser un parche que no soluciona el principal problema del turismo: falta de liquidez para las empresas y las familias, que no se atreven a gastar. Además, y como revelamos hoy, estos créditos blandos son absorbidos en su mayor parte por las actividades hoteleras, llegando muy pocos recursos a agencias de viaje, por ejemplo.

Ante un negocio (el turismo) que en 2007 reportaba el 10,7% del PIB del Estado, el Gobierno sólo tiene tiritas en vez de crear un verdadero plan (como reclamó Exceltur) para afrontar una situación de crisis económica que no ha terminado y que durará, como mínimo, hasta final de año. Esperamos que el prometido Consejo de Ministros monográfico se celebre antes de que acabe junio y se tomen en consideración muchas de las medidas que el sector ha propuesto a Zapatero. Así crecerán más “brotes verdes”.

Atacar al paro no es la única solución para estimular los viajes

Los hechos se pueden mirar desde dos perspectivas: la de la inocencia y la del por qué. Muchas empresas del negocio turístico, como Air Europa o Rumbo, están lanzando en los últimos días ofertas en las que prometen devolver el dinero de sus reservas a los clientes que se queden en paro antes de disfrutar de las mismas. No vamos a dudar aquí de esas promesas, ya que las compañías que las realizan son solventes y las cumplirán. Lo que sí queremos es llegar al por qué. Y es que a primera vista estas medidas son buenas… para quien dispone de certezas y liquidez en estos momentos.

Si las principales firmas turísticas están tomando este tipo de decisiones, que significan cargar con la incertidumbre de la pérdida de empleo del consumidor, es porque ven que la demanda no se comporta nada bien. A falta de cifras más o menos oficiales, que se irán conociendo a lo largo de la semana, muchos expertos hablan de que la adquisición de viajes durante esta Semana Santa caerá en torno a un 30%. Por ello, las empresas se esfuerzan en estimular la compra de billetes de avión, reservas de hotel o paquetes vacacionales con medidas de choque.

Sin embargo, aunque desde esta publicación queremos que todo esto dé resultado, pensamos que no aflojará la tensión que sufre el consumidor al no saber si mañana será su último día de trabajo. Durante los últimos años nos hemos acostumbrado a vivir a crédito: muchas vacaciones se compraban previa petición de un préstamo para costearlas, dedicando el resto de ingresos a otros menesteres (como el pago de la hipoteca o la subsistencia básica). Ahora, sin créditos, la mayor parte de los salarios se dedican al ahorro para formar un colchón por lo que pueda pasar mañana. Hoy, tener un trabajo es como tener un amigo: todo un tesoro.

Repetimos que deseamos que estas medidas den resultado, son loables. No obstante, aunque se dirigen a atacar el problema de la confianza, no apuntan contra la verdadera línea de flotación: la fata de financiación de las familias. Quizá habrá que empezar a acostumbrarse a las reservas de última hora frente a las anticipadas. Y a las salidas de pocos días de duración, frente a las tradicionales de 15 días o hasta un mes. En definitiva, hay que acostumbrarse a gastar lo que tenemos. ¿Qué pensáis? ¿Qué os estimularía a viajar?