El sacrificio de los hoteleros españoles con Thomas Cook

El plan de los empresarios españoles para convertir 200 millones de libras de deuda en acciones del turoperador no cuajó en Reino Unido. Fue una propuesta inteligente.

Los hoteleros españoles de las Islas Baleares y Canarias intentaron salvar a Thomas Cook convirtiendo la deuda que el mayorista británico mantenía con ellos en acciones de la compañía. Es una estrategia que no funcionó, a pesar de tener un planteamiento muy inteligente.

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Seguros contra la quiebra de aerolíneas

No somos partidarios de cargar con costes innecesarios los billetes de avión. Esta industria ha sido muy golpeada por la crisis y el constante incremento de los precios del petróleo, reduciendo los márgenes de beneficio y de inversión de las aerolíneas. Ello ha provocado que muchas hayan tenido que echar el cierre, dejando a miles de pasajeros sin dinero ni vuelo.

Precisamente por esto, pensamos que el único coste que debería ser obligatorio para un pasajero en un billete de avión es el de un seguro que le cubra en caso de que la aerolínea quiebre. Rafael Gallego, presidente de CEAV, la confederación de agencias de viajes, lo ha solicitado en reiteradas ocasiones. La última, en las jornadas técnicas que ha celebrado la patronal en Berlín. En las mismas se ha tenido que oír a responsables de aerolíneas y del Ministerio de Fomento que esta medida no es posible ni recomendable. Sin embargo, como todos los mensajes que vienen del establishment, la verdad es la contraria.

Que desde Fomento no se preocupen de crear e imponer un sistema que garantice el dinero de los pasajeros en caso de que una aerolínea quiebre muestra a las claras la poca procupación por el cliente y el contribuyente. No hablamos de garantizar el viaje, algo que supondría una operación logística a gran escala. La idea que viene planteando Gallego y las agencias es que las aerolíneas estén obligadas a contratar una especie de seguro (o fondo) ante quiebras, de tal manera que si se produce el cese de operaciones se pueda reintegrar al pasajero en el menor tiempo posible el gasto que ha realizado.

Desde CEAV la medida no sólo se pide como protección al cliente, sino también como una forma de evitar que la agencia tenga que ser la pagana de estas situaciones. Hace unos años, con los antiguos dirigentes de Fomento se estuvo a punto de alcanzar un acuerdo, pero el lobby del sector aéreo es muy fuerte. El Gobierno debe pensar que es mejor para la imagen de país que se quiere conseguir la existencia de unos aeropuertos abarrotados tras la quiebra de una aerolínea, con los pasajeros y clientes lógicamente cabreados y una sensación de impunidad creciente. Veanse si no casos como Air Madrid o Air Comet. Con estas actitudes es lógico que España no salga del agujero ni gane credibilidad ni su turismo sea referencia de calidad.

Air Comet: un final anunciado y conocido; una gestión política pésima

La agonía de Air Comet, aerolínea quebrada de Gerardo Díaz Ferrán, presidente de CEOE, y de Gonzalo Pascual, estaba anunciada y sólo era cuestión de tiempo. Lo que no se entiende es que las autoridades del Ministerio de Fomento no se hayan dado cuenta. Tampoco se comprende que María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, diga que “es una situación imprevisible”. Si para algo existe la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) y la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) es para prever estos problemas.

Quede claro, antes de seguir, que, por el momento, la gestión que el Ministerio de Fomento está realizando de la crisis es muy buena. Desde el departamento dirigido por José Blanco han respondido con rapidez y están haciendo todo lo posible, en el menor tiempo, para que los clientes perjudicados (cerca de 7.000 a corto plazo y 70.000 a medio plazo) puedan volver a sus lugares de origen. La comunicación con los medios también es buena, ya que diariamente Concepción Gutiérrez, secretaria de Estado de Transportes, informa sobre la evolución de los acontecimientos.

Sin embargo, en Fomento, y más concretamente en la DGAC y en la AESA, no pueden obviar su responsabilidad en esta tragedia navideña. Son las entidades responsables de verificar que las aerolíneas cumplen con las condiciones de seguridad y financieras necesarias para operar vuelos. Y es que la licencia operativa es una concesión administrativa sujeta a una serie de requisitos. Los problemas de Air Comet no eran un secreto: durante diciembre se han producido varias huelgas entre sus trabajadores. Era de conocimiento común que no se les abonaban las nóminas desde hace meses. Este es un síntoma claro de que la compañía no disponía de la suficiente liquidez para garantizar su operativa y que cualquier contratiempo podía llevarla a la insolvencia, como así ha ocurrido.

Y, mientras esto sucedía, ¿qué hacían en la DGAC y la AESA? Más bien poco. O nada, que es peor. Se repite (aunque con ingredientes un tanto distintos) lo sucedido con Air Madrid hace tres años. Y, como siempre, los paganos son los clientes y los trabajadores, que el pasado viernes 18 de diciembre remitieron una carta a Fomento en la que pedían que intercediese para evitar otro “caso Air Madrid”. Ya se olían algo.

Lo mínimo que debe hacer José Blanco cuando acabe todo esto es exigir las correspondientes responsabilidades a los directores del Ministerio. Y cesarles si es necesario. A no ser que desde las altas esferas de su departamento se haya dejado hacer a Díaz Ferrán hasta el momento en que era inevitable intervenir. En segundo lugar, Blanco debe instar (incluso a nivel europeo) un cambio en la legislación para obligar a las aerolíneas a depositar fianzas que cubran sus insolvencias, como sucede con las agencias de viajes, quienes vienen reclamando este extremo desde hace años.

Desde aquí queremos dar ánimos a los afectados. Que reclamen sus derechos: la compañía debe transportarlos hasta su destino o, si no es posible, debe encargarse Fomento, algo que está haciendo con eficacia. Que denuncien y soliciten el reintegro de su dinero y que no cejen en ello. Hemos recibido peticiones de algunas personas para solucionar su situación, pero lamentablemente nosotros no podemos hacer nada. Lo sentimos.

Sinvergüenzas del aire: clientes indefensos

Otra vez ha vuelto a pasar. Una línea aérea (SkyEurope) ha quebrado y ha abandonado a su suerte a los pasajeros que tenían billete con la misma, a los que ha “recomendado” que compren vuelos en otras firmas aéreas. Billetes que, por supuesto, SkyEurope no piensa abonar. Y es que la realidad demuestra que, por muchas directivas europeas que haya, el consumidor siempre acaba pagando las consecuencias de permitir que unos sinvergüenzas operen vuelos.

La noticia de la suspensión definitiva de actividades de SkyEurope no es una gran sorpresa, ya que desde junio la firma se encontraba en un concurso voluntario de acreedores debido a su insolvencia. Lo que sí llama la atención es que los responsables de la low cost eslovaca no hayan habilitado las medidas necesarias para hacerse cargo de los pasajeros que han comprado billetes con la misma. La quiebra de una firma aérea no es algo que suceda de un día para otro, se sabe con antelación y se pueden poner en marcha los procedimientos necesarios para repatriar a los clientes que hayan adquirido ticket de vuelta y no dejarles “colgados”, como ha ocurrido.

El caso presenta algunas similitudes con lo ocurrido en nuestro país con Air Madrid en 2006. El tema todavía está en los juzgados y hace tres años que los clientes que compraron billetes con la aerolínea de José Luis Carrillo no cobran los importes que la misma les debe. Idéntico destino les espera a los pasajeros de SkyEurope, con una empresa en concurso de acreedores y en previsible liquidación.

Al poder, muy cercano a las compañías aéreas, le importa muy poco que un ciudadano pueda quedar varado en cualquier lugar del mundo porque la aerolínea con la que tenía contratado su vuelo quiebre y decida no hacerse cargo del mismo. Las agencias de viajes están hartas de denunciar este extremo: se quejan, con razón, de que mientras ellas deben depositar fuertes fianzas y contar con caros seguros para poder hacerse responsable del cliente en caso de quiebra, las aerolíneas sólo necesitan unas licencias y someterse a unos controles, sin estar obligadas a responsabilizarse del usuario. Un despropósito.

La Comisión Europea, tan estricta en cuestiones de competencia y monopolio, debería articular un conjunto de medidas que de verdad sirviesen para proteger a los clientes de las líneas aéreas. Que garantizasen su derecho a recibir una indemnización de forma rápida y justa y, desde luego, a ser repatriados a su país de origen, aunque la firma en cuestión quiebre. De hecho, el problema de nuestros días es que lo que ha pasado con SkyEurope puede suceder con cualquier otra firma aérea, incluso las “tradicionales”.