Transporte público más caro y menos poder adquisitivo

Llegamos a un final de año con una disminución acusada en el consumo y una probable austeridad en las subidas salariales de los españoles, que de por sí ya han perdido poder adquisitivo en los últimos años. Sin embargo, el precio del transporte público aumenta, un 6,28% en el caso de las Cercanías de Renfe, en línea con la media nacional (aunque hay ciudades en las que sube aún más).

En los tiempos que corren es necesario buscar la eficiencia y mejorar el rendimiento de todos los negocios, pero el transporte público, como su propio nombre indica, es un servicio público. Es decir, es un servicio de interés general que se presta al ciudadano, y no debería dar miedo, en estos momentos de crisis, en tender hacia un déficit en los mismos. Al subir los precios de forma tan desproporcionada (cuatro puntos por encima del IPC y dos puntos sobre el aumento de enero de 2008) sólo se está penalizando al ciudadano y también al turista.

Además, con ello se incentiva la búsqueda de otros medios de locomoción que nos ayuden a ahorrarnos un dinerillo, como el coche. El precio de la gasolina está por debajo de los 90 céntimos de euro y en muchas ocasiones compensará más usar este tipo de transporte que un autobús, metro o tren. Por citar un ejemplo, en Madrid el precio de los abonos de transporte ha subido entres ocasiones este año, usando la excusa del aumento del precio de la gasolina (consecuencia del aumento del precio del petróleo). ¿Por quién miran los ayuntamientos, comunidades autónomas y el Estado? Por el ciudadano está claro que no y, a este paso, hasta usar el transporte público va a ser un lujo.

Por último, el aumento del 4% en los precios del AVE y la Larga Distancia nos parece otro tema aparte. En 2010 el Estado dejará de subvencionar la alta velocidad, por lo que este servicio (que no es público, sino meramente mercantil, es decir, se dirige a obtener beneficios) tendrá que “buscarse las habichuelas” para ser rentable. No sería raro ver un billete de AVE a 130 euros (en turista, claro) en los próximos años. Y es que, estar en tres horas en Barcelona sí es un lujo, sin problemas de facturación ni de cancelaciones. En este sentido, Renfe está siguiendo una política acertada al habilitar tarifas reducidas si se reserva con antelación.

Ryanair, las subvenciones y las amenazas

Ryanair tiene unos principios muy claros: precios bajos, promociones polémicas, salidas de tono de su presidente… Todo ello ha ayudado a esta low cost a forjarse la imagen que gasta en la actualidad. Pero desde la aerolínea también han dejado claro otro de sus ideales: les da igual todo y todos. No le importa que un juzgado de lo Mercantil le inste a modificar sus abusivas condiciones de contratación. Tampoco le importa acusar a la Generalitat Valenciana de favorecer a otras aerolíneas con ayudas. Y ahora no le duele amenazar a Fuerteventura con dejar de operar todos sus vuelos en la isla.

Sin entrar en el posible incumplimiento contractual entre las dos partes, estas prácticas nos parecen hasta mafiosas. Ryanair dispone de una serie de cauces legales para hacer valer sus derechos ante quienes piense que los están quebrantando. Pero no, la política de esta firma irlandesa es la de organizar mucho ruido, ¿para qué? Las primeras campañas de este tipo le podrían dar resultados, pero el sector ya le va cogiendo la medida a esta low cost y cada vez hace menos caso.

Por otro lado, queremos denunciar las formas que han seguido algunas regiones españolas para fomentar el turismo en su ámbito de actuación. Muchas comunidades autónomas han otorgado subvenciones a diversas aerolíneas para compensar el nulo retorno de la inversión que suponía para la firma abrir una ruta entre un aeropuerto de segunda y una ciudad europea (o incluso española). Cuando el dinero público se acaba, la aerolínea se enfada y acaba cerrando esta ruta deficitaria, que nunca ha dado beneficios. Es de lógica empresarial. Lo que no es tan lógico es que se utilice dinero de todos los contribuyentes para sufragar las operaciones (o la “promoción”, como eufemísticamente suele decirse) de compañías privadas, cuya teórica compensación serán los ingresos que generen los turistas que transporten. Y repetimos: teórico, porque este tipo de subvenciones sólo ayudan a crear una falsa sensación de riqueza turística.